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Tomas Torres
Miércoles, 03 de Abril de 2019

Como ser español y no morir en el intento

[Img #71566]En los cerca de diez años que he vivido en México he podido conocer a personas inteligentes, maravillosas y llenas de talento, capaces de comprender cómo funciona el mundo y el tiempo en el que les ha tocado vivir.

 

Pero, como en todas partes, no faltan los metepatas que, basándose en burdas manipulaciones de la historia a manos de políticos más pendientes de buscar cualquier enemigo exterior al que culpar de los males del país, es el ABC del nacionalismo aquí y en Lima, en lugar de preocuparse realmente por resolver los problemas reales de los mexicanos.

Ante las situaciones en las que alguien me salía con la cantaleta de que los gachupines habíamos jodido la vida a los pobres mexicanos, a mí siempre me ha gustado ponerme didáctico y compartirles la experiencia de ser español.

Vaya por delante que lo de la conquista me parece una mentada de madre y lo de extender el cristianismo y el español fue imperdonable. La de problemas que se hubieran ahorrado si continuaran yendo a oír misa o lo que quiera que hicieran los domingos en el templo mayor, en vez de tener que hacerle tres santuarios a la virgencita de Guadalupe.

Yo, personalmente, pienso que ya va siendo hora de superar los traumas, porque han pasado más de 200 años  desde que no les fastidiamos la existencia y ya va siendo hora.

Pero para empatizar a base de bien siempre les cuento lo que, a lo largo de eso que llaman historia, ha supuesto ser español y vivir en la piel de toro, suponiendo que la identidad, los pecados y los crímenes se quedan marcados por los siglos de los siglos en el ADN de los habitantes de determinado país.

En lo que conocemos como la península Ibérica, donde ahora aparca el culo lo que llamamos España, ha habido homínidos triscando alegremente, bailando flamenco y comiendo paella desde hace más de 1.200.000 años, vamos, tres días con pasado mañana. Pero hace 37.000 años llegaron los homo sapiens, les gustaron las vistas, la playa y la sangría, lo que les llevó a decirles a los neandertales que estaban allí antes que ellos que por ahí se va a la calle y les pegaron la patada. Luego lo llamaron evolución, gachupines abusones.

Saltamos en el tiempo, como un político de cargo en cargo, y esos homínidos pasaron a ser tribus celtas, iberos, cartagineses y fenicios, en las buenas y las malas, haciendo sus cosas, pero en el año 200 antes de Cristo llegaron los romanos, haciendo el saludo ese tan feo que parece que te tomen protesta, poniéndole nombre a Godoy, haciendo calzadas, acueductos y monumentos, pero no rollo amable como un gondolero veneciano, no, que va, más bien a lo camorra napolitana, en plan chungo, sitiando ciudades, cortando gaznates y pasándose por el pilum a todos los que no estuvieran contentos con su forma de hacer turismo a lo hooligans de equipo de fútbol inglés.

Para dejar de decir ave César esto, ave César lo otro y librarnos de los romanos, que tan solo nos dejaron filosofía, teatro, lengua, derecho y calamares a la romana, tuvimos que esperar a que cayera Roma, con un poco de ayuda de los buenos amigos bárbaros.

Llegado ese momento aprovecharon la coyuntura para llenar el hueco los visigodos, que tenían unos nombres que ríete tú de Huitzilopoztli, y apenas vamos por el siglo V.

Entonces se dejaron caer por allí Tarik y Muza, y un montón de colegas suyos de más abajo del estrecho, en el año 711, sin pedir permiso ni nada, ¡Hala, pasen sin llamar, al fondo hay sitio!¡Pásele, pásele! Aprovechando la división y las peleas entre reyes visigodos para aliarse con unos y con otros para comerles el mandado. ¿Les suena de algo?

¿Se les hizo larga la conquista?¿Fueron  qué, 300 años? Pobres chavos. Los árabes venían a pasar unos días y se quedaron 800 años de okupas, sin pagar alquiler. A cambio, nos enseñaron agricultura, astronomía, matemáticas, nos dejaron palabras que sumar a nuestro idioma y una tez morena. ¿Que los conquistadores españoles eran altos y rubios? ¡No mames!

Los 800 años, salvo fines de semana y fiestas de guardar, nos los pasamos acuchillando amablemente para convencerlos de que ya iba siendo hora, hasta que los Reyes Católicos remataron la faena, tomaron Granada, echaron a los judíos y mandaron a Colón a tocar las narices en América, donde estaba tan ricamente la raza escribiendo poemas, construyendo pirámides y sacrificando vecinos, vamos, una reunión de la comunidad de propietarios de toda la vida.

Cómo somos una nación de gente inquieta y viajera, hicimos lo propio, lo de conquistar y expoliar, en la India, África, reino de Nápoles y Ducado de Milán, pero de buenas, casi sin violencia, bueno, la necesaria, ya me entiendes.

Y ahí andábamos, a lo nuestro, creyendo que ningún extraño enemigo profanara con su planta nuestro suelo y que se cruza los Pirineos el buen Napoleón, y que nos mete en casa a su hermano Pepe, haciéndonos oh la la por las buenas, que después nos costó Dios y ayuda mandarlos de vuelta a hacer croissants a París.

Todo lo anterior unido a saqueos ingleses, Gibraltar y toda la pesca. Lo que viene siendo la historia, o lo que es lo mismo, así se las gastaba la vida en cada uno de los diferentes periodos históricos que a aquellas pobres gentes les tocó vivir, de lo que cada tribu, ciudad estado, país o imperio hizo por salir adelante como buenamente pudieron, aprendiendo de lo bueno y de lo malo, evolucionando sin mirar demasiado atrás.

Eso es la historia, lo demás son pendejadas.

 

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