Música
David González pone en pie al público del Teatro de los Héroes
El pianista interpretó con la OFECH el “Concierto para ocho dedos” compuesto por su padre, el maestro José Luis González Moya
![[Img #72219]](http://el7set.es/upload/images/05_2019/693__sam5083.jpg)
El primer concierto de la Temporada de Primavera de la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua contó con dos invitados de excepción, el directos, compositor y pianista Maestro José Luis González Moya, un músico de extensa formación académica, y del joven pianista David González Ladrón de Guevara, su hijo, para protagonizar en el Teatro de los Héroes el Concierto para ocho dedos, una singular expresión de superación, amor y coraje.
En una noche tan especial, el concierto comenzaba con la popular Obertura de la ópera Guillermo Tell del compositor Gioachino Rossini, una pieza conocida por el gran público. Con semejante llamada a la acción, gracias al galope de la música de esta obra, la Filarmónica, bajo la dirección del Maestro José Luis González, dio paso a la interpretación de la Suite nº1 de otra ópera, esta vez de Georges Bizet, la mítica Carmen.
Llegó entonces el momento para el otro invitado de la velada musical, el pianista David González, para ofrecer el público chihuahuense el “Concierto para ocho dedos”, compuesto para él por su padre, el Maestro José Luis González. La obra es un regalo del autor para su hijo, que nació con el síndrome de Miller y con solo cuatro dedos en cada mano. Pese a las evidentes dificultades, este joven intérprete se sobrepuso a su condición médica para dar salida a la expresión de su talento musical, gracias a la perseverancia de su familia.
“Concierto para ocho dedos” es una verdadera exaltación de amor paternal, de la maravilla que representa ver progresar al hijo, enfrentar los miedos, las angustias y las inquietudes que vienen aparejadas a la condición de ser padre. Una composición emotiva y de profunda calidad, no en vano su autor cuenta con una formación musical y una trayectoria difícilmente equiparable en México y en el mundo.
Por su parte, lo del joven David González, ganador de numerosos premios internacionales en certámenes musicales, es una historia de superación con letras mayúsculas. Superación y talento innato, una pulsión irrefrenable que ni la más severa condición médica es capaz de enmascarar, brillando como una estrella naciente en la noche más oscura. Es amor por la música, sin importar los obstáculos. Amor, también en letras mayúsculas, pasión por la expresión del arte. Se puede aprender a tocar un instrumento correctamente con el tiempo y la formación adecuada. Hacerlo con personalidad, con pasión, convertirlo en una extensión, no del propio cuerpo limitado, sino de la misma alma, solo está al alcance de unos pocos elegidos.
El pianista originario de Guadalajara, Jalisco, además de su luz y su talento, ofreció otro especial regalo al público que se acercó hasta el Teatro de los Héroes, al que puso en pie con su interpretación. Les regaló una obra compuesta por él mismo, “Himno de esperanza”, un canto de alegría por la vida, de saludo al mundo, de sonrisa sincera, que terminó por ganarse a los asistentes, ante semejante derroche de calidez humana y, por supuesto, de talento musical.
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El primer concierto de la Temporada de Primavera de la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua contó con dos invitados de excepción, el directos, compositor y pianista Maestro José Luis González Moya, un músico de extensa formación académica, y del joven pianista David González Ladrón de Guevara, su hijo, para protagonizar en el Teatro de los Héroes el Concierto para ocho dedos, una singular expresión de superación, amor y coraje.
En una noche tan especial, el concierto comenzaba con la popular Obertura de la ópera Guillermo Tell del compositor Gioachino Rossini, una pieza conocida por el gran público. Con semejante llamada a la acción, gracias al galope de la música de esta obra, la Filarmónica, bajo la dirección del Maestro José Luis González, dio paso a la interpretación de la Suite nº1 de otra ópera, esta vez de Georges Bizet, la mítica Carmen.
Llegó entonces el momento para el otro invitado de la velada musical, el pianista David González, para ofrecer el público chihuahuense el “Concierto para ocho dedos”, compuesto para él por su padre, el Maestro José Luis González. La obra es un regalo del autor para su hijo, que nació con el síndrome de Miller y con solo cuatro dedos en cada mano. Pese a las evidentes dificultades, este joven intérprete se sobrepuso a su condición médica para dar salida a la expresión de su talento musical, gracias a la perseverancia de su familia.
“Concierto para ocho dedos” es una verdadera exaltación de amor paternal, de la maravilla que representa ver progresar al hijo, enfrentar los miedos, las angustias y las inquietudes que vienen aparejadas a la condición de ser padre. Una composición emotiva y de profunda calidad, no en vano su autor cuenta con una formación musical y una trayectoria difícilmente equiparable en México y en el mundo.
Por su parte, lo del joven David González, ganador de numerosos premios internacionales en certámenes musicales, es una historia de superación con letras mayúsculas. Superación y talento innato, una pulsión irrefrenable que ni la más severa condición médica es capaz de enmascarar, brillando como una estrella naciente en la noche más oscura. Es amor por la música, sin importar los obstáculos. Amor, también en letras mayúsculas, pasión por la expresión del arte. Se puede aprender a tocar un instrumento correctamente con el tiempo y la formación adecuada. Hacerlo con personalidad, con pasión, convertirlo en una extensión, no del propio cuerpo limitado, sino de la misma alma, solo está al alcance de unos pocos elegidos.
El pianista originario de Guadalajara, Jalisco, además de su luz y su talento, ofreció otro especial regalo al público que se acercó hasta el Teatro de los Héroes, al que puso en pie con su interpretación. Les regaló una obra compuesta por él mismo, “Himno de esperanza”, un canto de alegría por la vida, de saludo al mundo, de sonrisa sincera, que terminó por ganarse a los asistentes, ante semejante derroche de calidez humana y, por supuesto, de talento musical.










