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Tomas Torres
Miércoles, 29 de Mayo de 2019
Resultados elecciones municipales 26 mayo

Los partidos políticos de Torreblanca y la maldición del ganador

Ningún partido político que haya ganado las elecciones o que tuviera los apoyos necesarios de antemano ha gobernado en el Ayuntamiento de Torreblanca desde 1991

 

Desde el cambio de siglo los especialistas políticos han augurado el final del bipartidismo y de las mayorías absolutas en la política española, pero en Torreblanca esa tendencia ha existido desde finales del siglo XX. Dos legislaturas duraron las mayorías absolutas en la localidad, con sendos gobiernos de los independientes que encabezaba Bartolomé Chaler, pero a partir de la tercera legislatura de la joven democracia esa tendencia se truncó y nacería una maldición que ha perseguido a los partidos torreblanquinos desde entonces. La maldición del ganador.

 

Desde 1991, con la democracia aún en pañales, Torreblanca tuvo hasta dos alcaldes, el antes mencionado Bartolomé Chaler y Juan Manuel Peraire (PP). Los independientes –que venían de gobernar en mayoría- lograron cuatro concejales, frente a los 3 de UPV, 2 del PP y 2 del PSOE, quedando a merced de un amago de moción de censura que de carambola puso a Peraire al frente del ayuntamiento. Eran los primeros signos de la maldición electoral que ha hecho que ningún partido que ganara las elecciones pudiera gobernar.

 

En 1995 ya no se presentaban los independientes, pero nació el CIP a raíz de la expulsión de Peraire del Partido Popular. El nuevo partido obtuvo 5 concejales, lo que fomentó la creación de una Gran Coalición –como la que enfrentó a Napoleón- que sumó los ediles que tenían BLOC, PP y PSOE, 2 cada partido, para cerrarle la puerta a la alcaldía y situar en el sillón a José María Pañella.

 

La misma historia se repetiría en 1999, cuando la Gran Coalición tuvo como alcalde a José Luís Fabregat (PP), con 3 concejales, con el apoyo de 2 concejales del BLOC y 1 del PSOE. En esa legislatura se daría la ruptura del acuerdo de gobierno al fomentarse la reunificación de la derecha torreblanquina, que llevó a formar durante la parte final de la legislatura un gobierno PP-CIP, embrión de lo que se esperaba que fuera el PP más poderoso jamás visto.

 

Las elecciones de 2003 alumbraron la paradoja de la matemática electoral torreblanquina, la demostración empírica de que 8 concejales del CIP + 3 concejales del PP suman 5 concejales del PP. Peraire ganaba, otra vez, las elecciones pero la alegría duró lo que esos partos cuando la novia lleva el vestido muy holgado, el novio suda más de la cuenta y al padre de la novia le asoma el cañón de la escopeta por debajo del abrigo, siete meses. PSOE y BLOC, con 4 concejales cada uno, firmaron un pacto de gobierno que mandó a la oposición a la lista más votada.

 

En 2007 el que probó las amargas mieles del triunfo fue el PSOE, que fue la lista más votada en las elecciones municipales, pero un pacto entre PP, 5 concejales, y BLOC, 3 concejales, dejaría fuera del gobierno municipal como marca la tradición no escrita.

 

Las de 2011 fueron, otra vez, unas elecciones anómalas. PP y PSOE quedaban empatados a 6 concejales, y el único edil del BLOC resultaba la baza ganadora para los socialistas. En esta ocasión no eran la lista más votada, era el PP, pero si la que tenía todos los números para tomar la vara de mando. Pero, en un giro inesperado de los acontecimientos, tenía lugar un grave desencuentro en las filas del PSOE, por la negativa a pactar con el BLOC de algunos miembros de la lista, que finalmente se saldaría con la salida de Mari Carmen Gual de la disciplina socialista, para pasar a formar parte del equipo de gobierno del PP como tránsfuga, dejando al PSOE con un palmo de narices en la oposición.

 

En 2015 el PP volvía a ganar las elecciones, pero la irrupción de Ciudadanos y el ascenso de Compromís dio los números para que se formara lo que denominaron despectivamente desde el PP un “pacto de perdedores” que a la postre costaría a Rosana Villanueva y Carlos Albert su expulsión del partido naranja y sentaría de nuevo al partido más votado, el PP en este caso, en la bancada de la oposición.

 

Con estos antecedentes, para cualquier político que tenga un poco fresca la historia reciente de Torreblanca, el hecho de ganar unas elecciones es más un motivo de preocupación que de alegría. Este 2019, Josefa Tena y el PSOE tendrán que jugar bien sus cartas para poder darle un vuelco a la situación y romper con la maldición del ganador en el ayuntamiento.

 

De momento, según los implicados directos en las posibles negociaciones, no hay nada y no se han tenido contactos entre socialistas y Compromís, aliados naturales del PSOE. El tiempo dirá que partido o partidos dirigirán los destinos del pueblo durante los próximos cuatro años. Y si se acaba la maldición o esta añadirá una víctima más a su funesta leyenda negra.

 

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