“Mi vida como erizo”
Mamá, quiero ser metrosexual
Para celebrar el 20 aniversario de El 7 Set recuperamos algunos de los artículos de la sección “Mi vida como erizo” de Tomas Torres que más gustaron a nuestros lectores y que se seleccionaron para ser publicados en un libro recopilatorio con motivo del décimo aniversario de nuestra publicación.
![[Img #76850]](http://el7set.es/upload/images/01_2020/7249_portada-libro.jpg)
Noviembre 2005 SET No.61
Visto que llega el verano y que a la menor oportunidad uno se queda en paños menores en público, y visto que lo de los productos milagro no funciona, que ya sufre uno bastante con las fajas reductoras, visto que para presumir hay que sufrir y visto, esto parece ya una moción del PP, que a las féminas aquello del macho ibérico ya no les gusta y triunfan los metrosexuales, servidor decidió que sería bueno mejorar mi aspecto, cuidarme, hacer ejercicio y reconducir mi imagen hacia caminos más estéticos, todo sea por agradar al sexo débil.
Tengo que reconocer que lo de metrosexual al principio me asustó, y no es en vano porque la palabra se las trae, que es verdad hombre, que induce a engaño. Sin ir más lejos estuve tentado de crear mi propia corriente de imagen y llamarla centímetrosexual, que no es cuestión de fanfarronear. Pero el caso es que decidí, antes que nada, ponerme a dieta. Fruta, mucha agua, y todo el rollo. Nada de bocatas, de grasas y de venenos de esos tan ricos. Y encima infusiones adelgazantes, eso sí, sin azúcar. ¿Sabían ustedes, queridos lectores, que dos terrones de azúcar diferencian a una infusión de azahar de un análisis de orina recién recogido?, pues sí, la primera en la frente. Era como beberse un vaso de agua caliente con un geranio. Claro, entre eso y la ingesta de agua mineral, las visitas al baño se hacen tan reiteradas que ya empiezas a hacerte una idea de lo que va a ser lo de la próstata cuando tengas 50 años. Vive Dios que pensé, en la desesperación, la posibilidad de ponerme una sonda.
¿Saben ustedes cuantas manzanas se puede comer un adulto en una tarde? Yo perdí la cuenta. Si hasta estuve a punto de partirlas y ponerle unas lonchas de chorizo dentro. En vista de que a base de una dieta que abandoné al primer día de comenzarla no podría estar hecho una sílfide, decidí quemar todo lo sobrante con ejercicio. Se van a enterar estos abdominales quien soy yo. Convencido me dirigí al banco de abdominales y con mi chándal me apalanqué, con intención de poner cuadritos musculosos allí donde ahora solo hay una masa fláccida de grasa. Madre mía, aquello no era un banco de abdominales, era un potro de tortura. Jadeante después de la primera sesión pensé, “mañana llego a cien”. Debió ser la acumulación de sangre en el cerebro por la posición invertida, porque no hubo mañana, ni cien, ni Cristo que lo fundó. Al día siguiente las agujetas me recordaron porque el banco de abdominales se había convertido en la cama del gato. Creo que no he escogido el mejor momento para modelar mi cuerpo, es mas, creo que mi cuerpo sabía lo que estaba tramando y le dio tiempo de reaccionar. Lo mejor será que la próxima vez lo pille desprevenido. Yo por si acaso sigo actuando como si nada, bebo cerveza, como bocatas de chorizo y tal a ver si en una de estas lo pillo con los pantalones a media asta y lo doblego hasta convertirme en un verdadero metrosexual.
Cuentos del México que imaginé contiene dos historias que hablan desde el realismo mágico de las problemáticas que enfrenta el México del siglo XXI, narcotráfico, violencia, suicidios, desde el punto de vista de la gente más humilde y que habitualmente resulta más afectada, sin que ello les haga perder sus formas de vida, creencias, ritos y por encima de todo, la esperanza. Al mismo tiempo es una aproximación a la manera de entender la vida a través de la muerte, de como el mexicano convive con ella y la enfrenta a diario.
![[Img #76850]](http://el7set.es/upload/images/01_2020/7249_portada-libro.jpg)
Noviembre 2005 SET No.61
Visto que llega el verano y que a la menor oportunidad uno se queda en paños menores en público, y visto que lo de los productos milagro no funciona, que ya sufre uno bastante con las fajas reductoras, visto que para presumir hay que sufrir y visto, esto parece ya una moción del PP, que a las féminas aquello del macho ibérico ya no les gusta y triunfan los metrosexuales, servidor decidió que sería bueno mejorar mi aspecto, cuidarme, hacer ejercicio y reconducir mi imagen hacia caminos más estéticos, todo sea por agradar al sexo débil.
Tengo que reconocer que lo de metrosexual al principio me asustó, y no es en vano porque la palabra se las trae, que es verdad hombre, que induce a engaño. Sin ir más lejos estuve tentado de crear mi propia corriente de imagen y llamarla centímetrosexual, que no es cuestión de fanfarronear. Pero el caso es que decidí, antes que nada, ponerme a dieta. Fruta, mucha agua, y todo el rollo. Nada de bocatas, de grasas y de venenos de esos tan ricos. Y encima infusiones adelgazantes, eso sí, sin azúcar. ¿Sabían ustedes, queridos lectores, que dos terrones de azúcar diferencian a una infusión de azahar de un análisis de orina recién recogido?, pues sí, la primera en la frente. Era como beberse un vaso de agua caliente con un geranio. Claro, entre eso y la ingesta de agua mineral, las visitas al baño se hacen tan reiteradas que ya empiezas a hacerte una idea de lo que va a ser lo de la próstata cuando tengas 50 años. Vive Dios que pensé, en la desesperación, la posibilidad de ponerme una sonda.
¿Saben ustedes cuantas manzanas se puede comer un adulto en una tarde? Yo perdí la cuenta. Si hasta estuve a punto de partirlas y ponerle unas lonchas de chorizo dentro. En vista de que a base de una dieta que abandoné al primer día de comenzarla no podría estar hecho una sílfide, decidí quemar todo lo sobrante con ejercicio. Se van a enterar estos abdominales quien soy yo. Convencido me dirigí al banco de abdominales y con mi chándal me apalanqué, con intención de poner cuadritos musculosos allí donde ahora solo hay una masa fláccida de grasa. Madre mía, aquello no era un banco de abdominales, era un potro de tortura. Jadeante después de la primera sesión pensé, “mañana llego a cien”. Debió ser la acumulación de sangre en el cerebro por la posición invertida, porque no hubo mañana, ni cien, ni Cristo que lo fundó. Al día siguiente las agujetas me recordaron porque el banco de abdominales se había convertido en la cama del gato. Creo que no he escogido el mejor momento para modelar mi cuerpo, es mas, creo que mi cuerpo sabía lo que estaba tramando y le dio tiempo de reaccionar. Lo mejor será que la próxima vez lo pille desprevenido. Yo por si acaso sigo actuando como si nada, bebo cerveza, como bocatas de chorizo y tal a ver si en una de estas lo pillo con los pantalones a media asta y lo doblego hasta convertirme en un verdadero metrosexual.
Cuentos del México que imaginé contiene dos historias que hablan desde el realismo mágico de las problemáticas que enfrenta el México del siglo XXI, narcotráfico, violencia, suicidios, desde el punto de vista de la gente más humilde y que habitualmente resulta más afectada, sin que ello les haga perder sus formas de vida, creencias, ritos y por encima de todo, la esperanza. Al mismo tiempo es una aproximación a la manera de entender la vida a través de la muerte, de como el mexicano convive con ella y la enfrenta a diario.


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