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el7set
Viernes, 07 de Septiembre de 2012
9 de septiembre: Día Mundial del SAF-FASD Síndrome Alcohólico Fetal

El alcohol daña gravemente las neuronas del bebé

Afecta de uno a dos bebés por cada mil recién nacidos.

[Img #13154]Desde hace ya algunos años, el 9 de septiembre se celebra el día mundial del Síndrome Alcohólico Fetal: una serie de manifestaciones clínicas graves que afectan al bebé si la madre toma alcohol durante el embarazo. Esta iniciativa sustentada por EUROCARE (European Alcohol Policy Alliance) ha sido secundada en España desde el primer momento por SOCIDROGALCOHOL y posteriormente se sumó FARE.
"Uno de los objetivos que se persigue es dar a conocer la magnitud del problema y resaltar la importancia del mismo, incidiendo en el mensaje de consumo cero de bebidas alcohólicas durante el embarazo", indica el Dr. Francisco Pascual, miembro de la Junta Directiva de SOCIDROGALCOHOL y asesor médico de FARE.

Los distintos estudios que se han realizado no arrojan cifras iguales sobre la incidencia de las consecuencias del consumo de alcohol durante el embarazo y las afectaciones sobre el feto.
Esto es debido fundamentalmente a dos situaciones, en primer lugar porque estos datos dependen de cada país, es decir del consumo de bebidas alcohólicas en cada estado e incluso de la permisividad social y la percepción de riesgo, en segundo lugar porque hay que distinguir lo que es el Síndrome Alcohólico Fetal (FAS), que representa la máxima expresión del Espectro (conjunto de manifestaciones clínicas, FASD).  Las incidencia del síndrome alcohólico fetal puede oscilar entre uno a dos de cada mil recién nacidos vivos y el espectro (manifestaciones más amplias) puede afectar hasta un 1% en nuestro país.
En muchas ocasiones se trata de cuadros subclínicos, con rasgos patológicos que no permiten el diagnóstico claro por lo que pueden pasar inadvertidos y en otras ocasiones incluso puede tratarse de mortinatos a los que no se relaciona con el consumo de alcohol de sus madres.

Estamos pues delante de un fenómeno “iceberg”, ya que solo vemos la parte más llamativa pero menos numerosa, tratándose de un problema de mucha más envergadura sobre el que hay que tomar posturas muy claras. Durante el embarazo no se debe tomar ni una gota de alcohol.
Esto es debido a que el etanol, alcohol contenido en las bebidas alcohólicas, atraviesa la barrera placentaria, llegando a medirse cifras de alcoholemia (gramos de alcohol por litro de sangre) iguales en la madre que en el feto.
El etanol tiene una afinidad específica por el Sistema Nervioso Central, provocando retraso en el crecimiento cerebral y en el desarrollo psicomotor, pero además va a afectar a múltiples tejidos y órganos, todo dependiendo del momento de la ingesta de alcohol en relación con el desarrollo intrauterino.
Pero no hablamos de mujeres con dependencia al alcohol exclusivamente, hablamos de cualquier mujer que durante el período de embarazo consuma cualquier cantidad de alcohol, no existiendo dosis no tóxica ni una cantidad lesiva de necesidad, de ahí el consejo de consumo cero.

Lo que sí que está demostrado que a mayor cantidad de bebida alcohólica ingerida mayor será el daño, así como a mayor cronicidad en el consumo y en el caso de las mujeres con dependencia al alcohol, el efecto sobre su descendencia será más grave en los sucesivos embarazos si no se consigue la abstinencia total.
El síndrome alcohólico fetal fue descrito por primera vez por la pediatra francesa Jacqueline Rouquette en el año 1957. Con el tiempo y con una observación pormenorizada de los efectos del etanol se ha visto que aparecen que incluye Defectos en el Nacimiento Relacionados con el Alcohol (ARBD) y desordenes en el Neurodesarrollo Relacionados con el Alcohol (ARND) además del propio Síndrome Alcohólico Fetal, constituyendo todos los cuadros juntos el Espectro de Desordenes Fetales producidos por el Alcohol (FASD).

El diagnóstico inicial del FAS se basaba en el retraso del crecimiento intra y extrauterino, un dimorfismo facial característico y anomalías morfofuncionales en el desarrollo del Sistema Nervioso Central, todo ello junto con el consumo de etanol en la mujer embarazada. Esto se traduce en un bajo peso y talla y una cara con características particulares, frente pequeña, nariz aplanada, ptosis palpebral, epicantus, implantación baja de orejas, boca pequeña con labio superior muy fino, etc. La forma más fácil y frecuente de diagnosticar el FASD es el diagnóstico de 4 dígitos, en el que confluyen el déficit de crecimiento, fenotipo facial FAS, disfunción o daño del SNC y exposición gestacional al alcohol.
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El etanol actúa a distintos niveles alterando la progresión del ciclo celular, el desarrollo y progresión de la glía (células de conexión neuronal), la adhesión celular, produciendo cambios en la membrana de las células, en la regulación del calcio o incrementando la producción de radicales libres, junto con la alteración de la síntesis proteica en la que juega también un papel importante el acetaldehído, todos estos factores van a intervenir en la aparición de malformaciones.

Se sabe que el alcohol es el responsable de una degeneración neuronal. Las malformaciones pueden ser músculo esquelético, cardíaco y renal, entre otras.
Existen una serie de enfermedades infantiles con características similares, pero hay que pensar en el FASD siempre que estemos ante la ingesta de bebidas alcohólicas en el embarazo, se suman además una serie de factores de riesgo como la salud materna pregestacional por ejemplo el estado nutricional y el consumo concomitante de otras drogas, el bajo nivel socioeconómico (importante aunque no exclusivo), patrón importante de ingesta alcohólica en forma de binge drinking (atracón) o de alcoholemia alta mantenida y el perfil depresivo o de baja autoestima de la madre junto con la posibilidad de trastornos de la personalidad u otra comorbilidad psiquiátrica, amén de otros factores familiares tales como antecedentes de alcoholismo familiar, consumo abusivo de alcohol por parte del cónyuge o incluso malos tratos.

Algunas alteraciones conductuales como el déficit de atención con hiperactividad (THDA), trastornos del lenguaje, fracaso escolar, agresividad o problemas de socialización también pueden tener relación con el FASD, por lo que en este cuadro más que en otros habrá que pensar en él para poderlo diagnosticar, valorar la importancia que tiene y promover medidas preventivas.
Se calcula que en Europa pueden incluirse dentro del espectro aproximadamente al 2-4 por ciento de los niños y sufrirían un Síndrome alcohólico fetal completo, entre el 1-3 por mil de los recién nacidos vivos, estos niños presentan retraso en el crecimiento, alteraciones en el Sistema nervioso central, y una fascies característica.
Por estudios de imagen, PET y TAC se ha observado que estos niños sufren alteraciones tanto micro como macroscópicas en el hipocampo, cortex frontal y vermix cerebeloso.
Estas alteraciones llevan a que los niños sufran una serie de alteraciones tales como:
-    Disminución de las funciones sensitivas (oído, vista, tacto...)
-    Disminución de la cognición: disminución de la memoria y atención.
-    No completan tareas.
-    No piden información.
-    Tienen tendencia a dañar a otros.
-    Malinterpretan las sentencias.
-    Corren riesgos innecesarios
-    No perciben el riesgo

Además se ha establecido una correlación de este síndrome con el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad y con el autismo. La prevención (consumo cero de alcohol durante el embarazo) resulta imprescindible ya que los daños son irreversibles y de difícil tratamiento.

La propuesta de SOCIDROGALCOHOL y de FARE, es la de incluir en el consejo obstétrico la necesidad de no consumir bebidas alcohólicas durante el embarazo y la de hacer una valoración de los consumos y situaciones de riesgo en especial a aquellas personas que presenten situaciones de abuso o antecedentes familiares.
Lo importante no es solo tener cifras si no intentar sensibilizar tanto a las futuras madres como a los profesionales sanitarios, desde la atención primaria hasta la especializada, como premisa hay que saber que para poder diagnosticar una patología hay que tenerla siempre presente y este cuadro es mucho más frecuente de lo que en principio podríamos pensar.
El consenso europeo y el de la OMS va encaminado a procurar políticas de prevención, con campañas informativas, advertencias en las etiquetas de las bebidas alcohólicas, diagnóstico precoz incluso prenatal por medio de marcadores biológicos, detección precoz en el momento del nacimiento y creación de programas de apoyo tanto a los niños como a sus familias.
En resumen: el consumo de alcohol durante el embarazo, incluso en pequeñas cantidades, causa daños en la salud de los niños desde su gestación.

Por ese motivo el consejo sigue siendo: durante el embarazo alcohol 0.


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