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Víctor Suárez
Jueves, 03 de Mayo de 2012
Tradiciones y gastronomía

La Romería de Les Santes y les fabes al tombet


En las entrañas mismas del “Parque Natural Desert de les Palmes”, por su ladera norte, hay una hondonada, a la orilla del río Chinchilla que nace un poco más arriba y se precipita recogiendo en su cauce las generosas aguas de la cuenca.  Allí se ubica La Ermita de Les Santes, cobijada por frondosa arboleda y esbeltos pinares que conforman una sombreada umbría.
Cada año los vecinos de Cabanes van en multitudinaria procesión para, tras copioso almuerzo de hermandad, portar en andas hasta el pueblo a la venerada imagen de la Virgen del Buen Suceso (“La Barranquera”)  Como casi todos se desplazan hasta la ermita, es típico cocinar las clásicas “fabes al tombet” que al tornar se calientan y comen.
Por ser Cabanes cuna de los más diestros labradores (fe de ello dan los muy afamados “melocotones de Cabanes”, las dulcísimas melonas, o la variedad de frutas y hortalizas que el esforzado agricultor cultiva) tienen aquí un sabor más genuino los productos de la tierra, como en este caso las habitas, los ajos tiernos y las alcachofas, fundamento vegetal de nuestro plato festivo; si a ello añadimos la suculenta morcilla oreada, embutida con excelentes carnes de primera –por eso no tiene ese sabor a rancio que en otras zonas estropean el guiso- y la apetitosa panceta, el resultado son unas “fabes al tombet” para chuparse los dedos.
Cuentan de un vecino que, poco aficionado a las procesiones, levantose a media mañana, cuando su esposa andaba por la romería, y no teniendo mejor afición en que matar el tiempo decidiose a tastar aquel insigne plato que tan apetitoso aroma expandía por la casa.  Para acompañar el “tast” abrió el interfecto una fresquita cerveza... pero terminadas antes las substanciosas fabes, sirviose otra cucharada para apurar la cerveza.  Acabose sin embargo el fresco espumoso, por lo que destapó otro tercio para terminar les fabes... que se agotaron primero que la nueva cerveza, a lo cual volviose a servir de aquel manjar, que duró más allá de la cerveza...
Y de tal manera: una cervecita para acabar les fabes y una cucharada de fabes para beber la cerveza, dio buena cuenta a toda la deleitable olla, ante el estupor general de la familia, quienes no tuvieron más remedio que irse a comer de fonda al tornar la procesión.
Lo cual vengo a contaros hoy aquí, para que quienes subáis mañana sábado –o durante el resto de nuestra semana festiva- a Cabanes, no os marchéis sin tastar esas suculentas “fabes al tombet” que aquí saben como en ningún otro sitio... así que cervecita para terminar les fabes, y fabes para concluir la cervecita, déjese cautivar el ilustre comilón por las excelencias de este plato, tradicional en nuestra cocina cabanenca.

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