Artes Plásticas
Adán Sáenz crea estructuras en la frontera de la fragilidad en su instalación la Casa de Cristal
Casa Chihuahua acoge esta exposición bajo la curaduría del Maestro José Arreguín
![[Img #71266]](http://el7set.es/upload/images/03_2019/223__sam4316.jpg)
Adán Sáenz expone en Casa Chihuahua Centro de Patrimonio Cultural la instalación La Casa de Cristal, en la que mezcla el vidrio termoformado con cerámica, madera y la imagen, tanto estática -mediante impresiones-, como en movimiento -por medio del video-, para crear espacios que se interpretan a través de todos los sentidos. Una exposición en la que el Maestro José Arreguín ha realizado un excelente trabajo de curaduría para ser disfrutada por el público.
![[Img #71259]](http://el7set.es/upload/images/03_2019/8783__sam4282.jpg)
A partir de ese concepto general, la instalación se divide en tres grandes secciones diferenciadas. En la sala principal está la Casa de Cristal, una instalación compuesta por proyecciones de video y sonidos de cristales que se rompen en un entorno de cristal, lo que incrementa la tensión en el espectador, unidas a las impresiones piezográficas en la pared, podemos ver una serie de piezas de cerámica, que también tienen que ver con la idea general de toda la instalación, la fragilidad, la estructura, en una zona intermedia entre el orden y el caos.
Una segunda zona está compuesta por piezas escultóricas como la Casa colgante -elaborada completamente en vidrio-, que simboliza nuestra conexión como individuos a la sociedad, a pesar de que seamos entes aislados; la Cabaña -hecha con cerámica de alta temperatura- y Jaulitas -impresión tridimensional, metal y cerámica- unas piezas de vidrio, metal e impresiones tridimensionales que, de una manera lúdica, tienen que ver con la estructura y todo aquello que nos sostiene, pero al mismo tiempo nos aprisiona.
De ese modo, el artista conecta cada pieza con las demás, en contraposición a otra de las esculturas, que tiene en la gravedad su leitmotiv. Las grandes masas, el peso, la irresistible atracción de la gravedad terrestre, evocando todo aquello que es pesado, enfrentando ambas figuras la etérea que parece flotar y la que está atrapada por las garras de la gravedad.
Esta obra construye el banal intento del ser humano de crear refugios –tanto físicos como metafóricos- en los que protegernos, para caer en la consciencia finalmente de que no existen estructuras eternas y que la misma esencia de cualquier estructura son los límites de su fragilidad. Nada es permanente en los mundos de Adán Sáenz en cuanto a la suma de los todos de cada conjunto, pero si existen materiales eternos, como la cerámica, que superará el paso del tiempo después de su transformación de barro a cerámica a través del fuego.
Dentro del concepto de la fragilidad, la cabaña el conjunto gira en torno a la idea de la casa como refugio simbólico y literal para el ser humano. Según indica el propio autor, como individuos, tenemos estructuras, sistemas para existir en el mundo y que tenga sentido nuestra vida, pero son temporales, pasa el tiempo y las cosas se acaban, porque no son tan sólidas como quisiéramos.
En la tercera zona encontramos una instalación total, multisensorial, en la que todos los sentidos se disparan en cuanto entramos en ella, excitando el olfato, con el olor a madera, a arcilla húmeda, la temperatura, el sonido que nos envuelve, la percepción de las piezas que están físicamente frente a nosotros, al alcance de nuestros sentidos y las proyecciones en las que la vista juega el papel predominante.
![[Img #71264]](http://el7set.es/upload/images/03_2019/1351__sam4307.jpg)
Toda la estructura nos lleva a evocaciones de una casa de madera, como refugio en el que protegernos de los elementos, pero también contiene poderosas imágenes, como la de la Balsa de la Medusa de Gericault, ese último refugio en el que un grupo de náufragos se aferran a los últimos maderos del barco que se ha hundido irremediablemente. Ese conjunto de maderas flotantes, milagrosamente unidas por restos de cuerda y velamen de lo que antes fue un orgulloso navío, convertido ahora en una plegaria de anhelo en el que encontrar la resignación a un destino incierto o el ápice de esperanza que no da seguir vivos un minuto más.
Una estructura que, como la balsa, se sostiene a pesar de que está fragmentándose. El fuego, como elemento transformador, creador, pero también destructor, cobra un especial protagonismo. Gracias a la acción del fuego, a las altas temperaturas de la combustión, la materia primigenia deja de ser solo tierra que se deshace entre nuestras manos para convertirse mediante el calor en piedra, cerámica que puede durar miles de años “más que este edificio, más que esta ciudad, va a permanecer aquí por siempre”. Mediante esta idea el artista nos traslada a esa explosión de una supernova en un pasado más allá de la posibilidad de la memoria, que generó los materiales que después formarían la tierra, en una eterna metáfora de la destrucción para la creación, con el fuego como elemento principal, creador y destructor al mismo tiempo.
El autor
Adán Sáenz nació en Chihuahua, México, en 1981. Cursó la licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Realizó estudios de postgrado en Stephen F. Austin University, donde obtuvo los grados de Master of Arts y Master of Fine Arts.
Su obra gira en torno a los conceptos de cuerpo, lenguaje, entropía y fragmentación, que explora con medios tales como cerámica, vidrio, estampa, video e instalación.
Ha realizado múltiples exposiciones individuales en México y Estados Unidos, así como exposiciones colectivas en países como España, Japón, Taiwan, Canadá, Holanda y Argentina. Destacan Habeas Corpus, Casa Chihuahua Centro de Patrimonio Cultural (2008); Chihuahua Ceramics, National Council on Education for the Ceramic Arts, Houston (2013); XXX Encuentro Nacional de Arte Joven, Aguascalientes (2010); Entijuanarte (2012 y 2018); Premio de Cerámica Nuevo León, Monterrey (2008); Japanese Primtmaking Association Annual Exhibition Museo de Arte Moderno, Tokio (2012); 17th Mini Print International Exhibition, Ink Shop, Nueva York (2012); Pliego/Pli (Itinerante); Universidad Politécnica de Valencia, Palacio Clavijero, Morelia (2017); Objeto, Centro de Desarrollo Cultural (2018).
Ha sido galardonado con el Premio Chihuahua de Escultura y es miembro del National Council on Education for the Ceramics (INCECA).
Desde 2007 es docente de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua, al cargo del taller de cerámica artística Piero Fenci.
![[Img #71266]](http://el7set.es/upload/images/03_2019/223__sam4316.jpg)
Adán Sáenz expone en Casa Chihuahua Centro de Patrimonio Cultural la instalación La Casa de Cristal, en la que mezcla el vidrio termoformado con cerámica, madera y la imagen, tanto estática -mediante impresiones-, como en movimiento -por medio del video-, para crear espacios que se interpretan a través de todos los sentidos. Una exposición en la que el Maestro José Arreguín ha realizado un excelente trabajo de curaduría para ser disfrutada por el público.
![[Img #71259]](http://el7set.es/upload/images/03_2019/8783__sam4282.jpg)
A partir de ese concepto general, la instalación se divide en tres grandes secciones diferenciadas. En la sala principal está la Casa de Cristal, una instalación compuesta por proyecciones de video y sonidos de cristales que se rompen en un entorno de cristal, lo que incrementa la tensión en el espectador, unidas a las impresiones piezográficas en la pared, podemos ver una serie de piezas de cerámica, que también tienen que ver con la idea general de toda la instalación, la fragilidad, la estructura, en una zona intermedia entre el orden y el caos.
Una segunda zona está compuesta por piezas escultóricas como la Casa colgante -elaborada completamente en vidrio-, que simboliza nuestra conexión como individuos a la sociedad, a pesar de que seamos entes aislados; la Cabaña -hecha con cerámica de alta temperatura- y Jaulitas -impresión tridimensional, metal y cerámica- unas piezas de vidrio, metal e impresiones tridimensionales que, de una manera lúdica, tienen que ver con la estructura y todo aquello que nos sostiene, pero al mismo tiempo nos aprisiona.
De ese modo, el artista conecta cada pieza con las demás, en contraposición a otra de las esculturas, que tiene en la gravedad su leitmotiv. Las grandes masas, el peso, la irresistible atracción de la gravedad terrestre, evocando todo aquello que es pesado, enfrentando ambas figuras la etérea que parece flotar y la que está atrapada por las garras de la gravedad.
Esta obra construye el banal intento del ser humano de crear refugios –tanto físicos como metafóricos- en los que protegernos, para caer en la consciencia finalmente de que no existen estructuras eternas y que la misma esencia de cualquier estructura son los límites de su fragilidad. Nada es permanente en los mundos de Adán Sáenz en cuanto a la suma de los todos de cada conjunto, pero si existen materiales eternos, como la cerámica, que superará el paso del tiempo después de su transformación de barro a cerámica a través del fuego.
Dentro del concepto de la fragilidad, la cabaña el conjunto gira en torno a la idea de la casa como refugio simbólico y literal para el ser humano. Según indica el propio autor, como individuos, tenemos estructuras, sistemas para existir en el mundo y que tenga sentido nuestra vida, pero son temporales, pasa el tiempo y las cosas se acaban, porque no son tan sólidas como quisiéramos.
En la tercera zona encontramos una instalación total, multisensorial, en la que todos los sentidos se disparan en cuanto entramos en ella, excitando el olfato, con el olor a madera, a arcilla húmeda, la temperatura, el sonido que nos envuelve, la percepción de las piezas que están físicamente frente a nosotros, al alcance de nuestros sentidos y las proyecciones en las que la vista juega el papel predominante.
![[Img #71264]](http://el7set.es/upload/images/03_2019/1351__sam4307.jpg)
Toda la estructura nos lleva a evocaciones de una casa de madera, como refugio en el que protegernos de los elementos, pero también contiene poderosas imágenes, como la de la Balsa de la Medusa de Gericault, ese último refugio en el que un grupo de náufragos se aferran a los últimos maderos del barco que se ha hundido irremediablemente. Ese conjunto de maderas flotantes, milagrosamente unidas por restos de cuerda y velamen de lo que antes fue un orgulloso navío, convertido ahora en una plegaria de anhelo en el que encontrar la resignación a un destino incierto o el ápice de esperanza que no da seguir vivos un minuto más.
Una estructura que, como la balsa, se sostiene a pesar de que está fragmentándose. El fuego, como elemento transformador, creador, pero también destructor, cobra un especial protagonismo. Gracias a la acción del fuego, a las altas temperaturas de la combustión, la materia primigenia deja de ser solo tierra que se deshace entre nuestras manos para convertirse mediante el calor en piedra, cerámica que puede durar miles de años “más que este edificio, más que esta ciudad, va a permanecer aquí por siempre”. Mediante esta idea el artista nos traslada a esa explosión de una supernova en un pasado más allá de la posibilidad de la memoria, que generó los materiales que después formarían la tierra, en una eterna metáfora de la destrucción para la creación, con el fuego como elemento principal, creador y destructor al mismo tiempo.
El autor
Adán Sáenz nació en Chihuahua, México, en 1981. Cursó la licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Realizó estudios de postgrado en Stephen F. Austin University, donde obtuvo los grados de Master of Arts y Master of Fine Arts.
Su obra gira en torno a los conceptos de cuerpo, lenguaje, entropía y fragmentación, que explora con medios tales como cerámica, vidrio, estampa, video e instalación.
Ha realizado múltiples exposiciones individuales en México y Estados Unidos, así como exposiciones colectivas en países como España, Japón, Taiwan, Canadá, Holanda y Argentina. Destacan Habeas Corpus, Casa Chihuahua Centro de Patrimonio Cultural (2008); Chihuahua Ceramics, National Council on Education for the Ceramic Arts, Houston (2013); XXX Encuentro Nacional de Arte Joven, Aguascalientes (2010); Entijuanarte (2012 y 2018); Premio de Cerámica Nuevo León, Monterrey (2008); Japanese Primtmaking Association Annual Exhibition Museo de Arte Moderno, Tokio (2012); 17th Mini Print International Exhibition, Ink Shop, Nueva York (2012); Pliego/Pli (Itinerante); Universidad Politécnica de Valencia, Palacio Clavijero, Morelia (2017); Objeto, Centro de Desarrollo Cultural (2018).
Ha sido galardonado con el Premio Chihuahua de Escultura y es miembro del National Council on Education for the Ceramics (INCECA).
Desde 2007 es docente de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua, al cargo del taller de cerámica artística Piero Fenci.











