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Tomas Torres
Miércoles, 10 de Abril de 2019
¡Mi vida como erizo vuelve!

Cuando eliges al más malo

“¿Hueles eso? ¿Lo hueles muchacho? Es napalm. Nada en el mundo huele así. ¡Qué delicia oler napalm por la mañana!”: frase del teniente coronel Bill Kilgore (Robert Duvall) en Apocalypse Now.

[Img #71798]Huele a sangre fresca en las sedes de los partidos políticos, en los salones de plenos, en los mítines, en los bares y en las reuniones clandestinas de madrugada. Dos elecciones seguidas en tan solo dos meses, es algo que hace que los periodistas malintencionados nos toquemos lúbricamente en nuestros sueños más delirantes, con la babilla goteando del colmillo afilado a puro garrotazo.

 

Empalmar dos procesos de selección de candidaturas seguidos de otros dos en tan corto periodo de tiempo ha sido como sacar a los orcos de Moria de juerga a un bar de hobbits, tenía que correr la sangre. Es fascinante como los seres humanos civilizados pasamos a cuchillo a nuestros semejantes por un quítame allá un escaño. Bueno, quien dice escaño dice sueldo, dietas y aquello tan aparente de que te llamen señor fulanito de tal aunque seas un gañán descerebrado.

 

Los nuevos partidos han hecho un daño terrible a la clase política patria. Esa élite endogámica que heredaba estatus y cargos como quien hereda el apellido o los ojos de color avellana, se ha visto amenazada por aquellos que, un buen día, pensaron aquello de “si este tarado puede ser concejal, ¿Por qué no puedo serlo yo?”, y allá que se presentan, y que les votan, y que sacan un rinconcito en el sol, en el que más calienta.

 

Claro, eso nos pone en un dilema, muchos indios para tan pocos caballos, (no sé si eso será políticamente correcto, igual sería mejor decir muchos nativos americanos para tan escasos equinos), de modo que ahora se ha puesto más caro que antes lo de asegurarse un lugar de privilegio para ver la vida pasar.

 

Y de ahí la sangre que vemos salir por debajo de las puertas de las sedes políticas.

 

Lo que les pasa a los grandes partidos, los que se juegan algo más que una concejalía perdida de la mano de dios, es harina de otro costal y lo vemos cada día en los telediarios. Esas reuniones que empiezan todos sonrientes hasta que sacan las cámaras de la sala y suena la campana para que empiecen a chasquear los muelles de las navajas para aquello de “quítate tú para ponerme yo”. Y luego, se abre la puerta y todos a sonreír a las cámaras que esperan en la calle, aunque lleves las tripas agarradas con las manos.

 

Pero donde la sangre nos llega a las corvas es en el ámbito municipal, ¡Mmmmm!, no hay nada como los riñones de un/a ex concejal/a regados con un buen Chianti.

 

En los pueblos, cuanto más pequeños mejor, en los pueblos las puñaladas se pegan de cerquita, sintiendo el aliento del otro oliendo a óxido cuando le dicen en qué puesto de la lista va a ir, si es que va. Ahí se mata y se muere mirando a los ojos, como antes. En los pueblos no son daños colaterales, unos nombres que se ponen o no en la lista en función de corrientes políticas, familias, barones, equilibrios y representatividades. En los pueblos le hincas la faca y se la retuerces con saña a un pavo o pava que dio la cara por ti ayer mismo, que se ha comido marrones por tu culpa o que te sacó de más de una porque estabais más solos que la una y había que remar parejo. Le pegas una puñalada trapera a un/a compa con el/la que cenaste en su casa, con su familia, pero que hoy te estorba, así que valió madres.

 

En los pueblos la política es más perra que en cualquier otra parte, -el periodismo también, pero eso lo contaré otro día, amiguitos y amiguitas-, en los pueblos la política es más del Marqués de Sade que de Maquiavelo, -aunque algún aprendiz de brujo ande por ahí pretendiendo ser Richelieu, que también los contaré otro día-, en los pueblos te tiene que ir Cincuenta Sombras de Grey en versión hardcore.

 

Así que, amiguitos y amiguitas, pensemos un momento en esto. ¿De qué pasta hay que estar hecho para sobrevivir a unas primarias?, que es una manera civilizada de decir “qui mes xule capaor”. Si Goya hubiera pintado “Duelo a garrotazos” antes de ayer, lo hubiera titulado “Las Primarias”.

 

Entonces, volviendo al concepto del material del que están hechos los políticos y políticas, tenemos que pensar en una cosa. Exceptuando los que hayan tenido un proceso tranquilo, democrático, abierto,… ¡eh! Menos risas, que ya me imagino al personal, jijí, jojó, alguno habrá,… exceptuando digo, los que no hayan tenido excesiva bronca, bien porque sobren los caballos o bien porque no hayan tantos indios que quieran subir al machito, el resto se han sacado el boleto a punta de navaja.

 

Quedémonos un momento con esa idea. Los partidos políticos han hecho una criba entre los suyos, a base de destruirse unos a otros, llegando a lo personal, al acoso y hasta rozando lo delictivo, para seleccionar, no al más inteligente, carismático o preparado, sino al más sanguinario, despiadado, conspirador, al que no le tiembla el pulso a la hora de escabechar a los de su propia cuerda para ponerse el primero de la fila. Pensemos un minuto en eso.

 

¿Qué quiere decir todo esto? Que el día que tengas que poner la papeleta en el sobrecito y el sobrecito en la urna tendrás que elegir entre gente que se ha ganado su puesto por mérito propio o por error de una mayoría que los ha elegido, y gente que está en la papeleta porque es el peor sociópata entre muchos. Igual se da el caso que tengamos que escoger a las personas que regirán nuestros destinos cuatro años entre el reparto de “El Silencio de los Corderos”.

 

Es para pensárselo, ¿verdad?

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