Martes, 20 de Enero de 2026

Actualizada Martes, 20 de Enero de 2026 a las 18:28:57 horas

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Martes, 20 de Enero de 2026

La situación actual del cannabis medicinal en España y su regulación sanitaria

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El cannabis medicinal en España se encuentra en pleno proceso de consolidación regulatoria, con avances recientes en la normativa que busca ofrecer alternativas terapéuticas dentro del sistema de salud pública. Hasta hace poco, el acceso a tratamientos estaba limitado a determinadas fórmulas magistrales y a fármacos específicos ya autorizados, y muchos pacientes recurrían a vías no reguladas para obtener alivio. El nuevo marco pretende ordenar este acceso, pese a que aún enfrenta desafíos prácticos en su implementación.

La actividad de cultivo con fines médicos en España ha crecido de manera notable en los últimos años, situando al país entre los productores más importantes del mundo pese a la ausencia de un uso interno plenamente regulado. A finales de 2024 se notificó una producción de 51,3 toneladas destinada en su mayoría a la exportación, un aumento de 42,5 % respecto al año anterior. Esto posiciona a España entre los ocho principales productores globales y evidencia la capacidad industrial para abastecer mercados externos mientras se trabaja en adaptar el uso terapéutico local.

La regulación del uso medicinal fue formalizada con el Real Decreto 903/2025, publicado en octubre, que establece el marco para la prescripción, preparación y dispensación de preparaciones estandarizadas de cannabis para fines médicos. Esta normativa define que solo ciertos preparados, con composición definida de los componentes activos (THC y CBD), podrán ser utilizados en tratamientos, y bajo condiciones específicas. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) será la encargada de gestionar el registro público de estos preparados y supervisar su trazabilidad.

La nueva regulación limita la prescripción a médicos especialistas en el ámbito hospitalario, por lo que no se contempla su dispensación en farmacias comunitarias. Solo profesionales formados y con criterio clínico podrán prescribir estos tratamientos, y su uso se centrará en situaciones donde los tratamientos convencionales no han demostrado eficacia. Asociaciones de pacientes y profesionales de salud han señalado la importancia de ampliar el acceso más allá del ámbito hospitalario para llegar a más personas necesitadas.

Desde Phenosphere, señalan: “Las indicaciones terapéuticas reconocidas están alineadas con evidencia científica que respalda la utilidad del cannabis para afecciones concretas”. Entre ellas se encuentran la espasticidad asociada con la esclerosis múltiple, formas severas de epilepsia refractaria, náuseas y vómitos asociados a tratamientos de quimioterapia, y dolor crónico que no responde a terapias convencionales. En estos casos, las preparaciones magistrales elaboradas con cannabis pueden ofrecer una opción adicional para aliviar síntomas que afectan la calidad de vida de los pacientes.

A pesar de estos avances, el programa enfrenta limitaciones que impactan la adopción generalizada. Organizaciones de pacientes estiman que entre 200.000 y 500.000 personas podrían beneficiarse de este tipo de tratamientos medicinales en España, pero el acceso legal actual es restringido y depende de numerosos requisitos clínicos y administrativos. La falta de productos disponibles dentro del sistema de salud y la necesidad de prescripción hospitalaria completa mantienen un desfase entre la producción nacional y el consumo interno.

El marco regulatorio español se inspira en modelos de otros países europeos que han avanzado en el uso terapéutico con programas más amplios y flexibles. No obstante, la decisión de mantener la prescripción bajo control hospitalario responde a preocupaciones por la seguridad del paciente y la necesidad de recopilar datos clínicos rigurosos sobre la eficacia y efectos adversos de estas terapias.

Con la regulación vigente, el cannabis medicinal en España empieza a transitar un nuevo escenario donde la medicina, la industria y la administración sanitaria convergen en torno a un objetivo común: ofrecer opciones terapéuticas adicionales dentro de un marco seguro y controlado. Si las instituciones y los profesionales logran mantener este rumbo, el país podría contar con un modelo que combine producción industrial con acceso clínico supervisado para quienes lo necesiten.

 

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