Jueves, 22 de Enero de 2026

Actualizada Jueves, 22 de Enero de 2026 a las 13:37:36 horas

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Jueves, 22 de Enero de 2026

Morosidad empresarial: por qué ocurre y cómo actuar cuando el cliente no paga

[Img #108344]La morosidad empresarial rara vez hace ruido. No suele llegar en forma de conflicto abierto, sino como un silencio incómodo: una factura vencida, un correo sin respuesta, una promesa de pago que se aplaza una semana más. Para autónomos y pymes, ese retraso no es un detalle menor. Afecta a la tesorería, compromete el pago a proveedores, tensiona las nóminas y frena cualquier intento de crecimiento. No siempre se trata de mala fe. Pero cuando el cobro se dilata sin explicación, conviene actuar con método. Porque un impago no gestionado a tiempo puede convertirse en un problema estructural. Entonces, ¿qué puedo hacer si un cliente no me paga?

 

Por qué ocurre la morosidad

La falta de pago no suele tener una única causa. En la práctica, responde a una combinación de factores que se repiten con frecuencia en el tejido empresarial.

1. Problemas de liquidez del cliente
Es la causa más habitual. El cliente atraviesa dificultades financieras y prioriza otros pagos. No discute la deuda, pero la retrasa. El proveedor acaba financiando, sin quererlo, la actividad ajena.

2. Desorganización administrativa
Facturas mal emitidas, datos incompletos, errores en el concepto o en el destinatario. En empresas con poca estructura, una factura puede quedar semanas en un cajón digital sin que nadie la valide.

3. Disputas sobre el servicio o el alcance
El cliente considera que el trabajo no está completo o que no se ajusta a lo pactado. A veces es una discrepancia real; otras, una excusa para ganar tiempo.

4. Falta de contratos y condiciones claras
Cuando no hay un acuerdo por escrito, todo queda a interpretación. Plazos, entregables y formas de pago se vuelven difusos, y el cobro se debilita.

5. Cultura de alargar plazos
En algunos sectores persiste la idea de que pagar tarde “es lo normal”. No se percibe como incumplimiento, sino como práctica asumida.

 

Cómo prevenir impagos antes de que ocurran

Checklist rápido

Prevenir sigue siendo la mejor estrategia. Estas medidas reducen de forma notable el riesgo de morosidad:

  • Presupuesto o contrato por escrito, con alcance definido, hitos y plazos.
  • Anticipos o pagos por fases, especialmente en servicios prolongados.
  • Condiciones de pago claras: vencimiento, método y posibles recargos.
  • Factura completa, correcta y con pruebas de entrega o aceptación del trabajo.
  • Sistema de recordatorios automáticos y seguimiento periódico.

No garantizan el cobro, pero fortalecen la posición del profesional cuando surgen problemas.

 

Qué hacer cuando el cliente no paga: plan de acción en 6 pasos

Cuando el vencimiento se supera, conviene evitar la improvisación. Actuar con orden transmite seriedad y aumenta las posibilidades de cobro.

1. Verificar que no existe un error
Antes de reclamar, comprobar datos básicos: recepción de la factura, importe correcto, IBAN, conformidad del servicio. A veces el problema es puramente técnico.

2. Primer recordatorio cordial por escrito
Un mensaje breve y educado suele ser suficiente en muchos casos. Sin reproches. Solo una notificación clara del vencimiento.

3. Segunda comunicación con fecha límite
Si no hay respuesta, conviene enviar un correo más firme. Incluir: importe, número de factura, fecha vencida y nuevo plazo concreto.

4. Llamada y correo recapitulativo
La llamada personal puede desbloquear silencios. Después, siempre un email que deje constancia escrita de lo hablado.

5. Requerimiento formal
Si el cliente no responde, el siguiente paso es una comunicación formal de reclamación de deuda. Marca un cambio de tono y demuestra que el asunto se toma en serio.

6. Valorar vías legales o recobro
Cuando el impago persiste, hay que decidir si compensa escalar: mediación, gestión de cobro o acciones legales. No siempre es rentable, pero sí necesario para evitar el precedente.

 

Marco general en España: lo esencial que conviene saber

Sin entrar en tecnicismos, existen algunas reglas básicas que todo profesional debería conocer.

La Ley 3/2004, de lucha contra la morosidad en operaciones comerciales, establece que:

  • Si no hay pacto expreso, el plazo general de pago es de 30 días.
  • En operaciones entre empresas, el plazo no debería superar los 60 días, salvo acuerdo válido.

Cuando el plazo se incumple:

  • Los intereses de demora se devengan automáticamente, sin necesidad de reclamarlos previamente.
  • Si no se pactó otro tipo, el interés legal se calcula como tipo del BCE + 8 puntos porcentuales.

Además, el acreedor tiene derecho a:

  • Una compensación fija de 40 euros por costes de cobro.
  • La posibilidad de reclamar gastos adicionales acreditados si los hubiera.

En términos prácticos, esto significa que una factura vencida no es solo una cantidad pendiente: genera derechos económicos adicionales para quien la emitió.

La morosidad no se combate con impulsos, sino con método. Prevenir, documentar cada paso y reclamar con orden marca la diferencia entre un retraso puntual y un problema crónico. Para autónomos y pymes, contar con un protocolo interno de cobros —aunque sea sencillo— aporta claridad, reduce tensiones y profesionaliza la relación con los clientes. No se trata de romper vínculos comerciales, sino de proteger la viabilidad del negocio.
Este artículo ofrece información general. En situaciones concretas o de mayor complejidad, siempre es recomendable contar con asesoramiento profesional especializado de empresas como Assis.

 

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