Jueves, 12 de Febrero de 2026

Actualizada Jueves, 12 de Febrero de 2026 a las 10:00:34 horas

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Jueves, 12 de Febrero de 2026

La reinvención de la falda de camilla con tejido otomán por La novena Nube

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Si hay algo que ha vuelto con mucha fuerza es el concepto de la mesa camilla. Junto con la nostalgia de crear espacios que sean hogar, los medios de decoración y los expertos en decoración han devuelto el protagonismo a esta pieza clave en los salones cálidos.

Y para traerla de vuelta, La Novena Nube propone una nueva lectura a través de su falda de camilla en tejido otomán. Una versión ligera, serena y pensada para integrarse en cualquier tipo de salón sin perder su propia identidad.

Del brasero a la tendencia

Durante décadas, la falda de camilla ha estado asociada a la lucha contra el frío, al brasero y a una estética doméstica muy concreta típica de las casas más clásicas.

Sin embargo, se ha reabierto la conversación entre las nuevas generaciones que buscan interiores más cálidos, calmados y funcionales capaces de construir un lugar dentro del hogar.

“Una falda de camilla no debería servir para tapar una mesa cansada, sino para vestir un rincón y darle proporción”, explican desde la marca. “Queremos que la camilla sea de nuevo el centro amable: donde apoyar una taza, leer, mantener conversaciones o alargar una sobremesa”.

La clave está en vestirla con un tejido poco habitual en este tipo de piezas, el otomán, una tela con relieve marcado a bandas que aporta textura y estructura sin necesidad de estampados ni volúmenes excesivos. Un estilo que se adapta a los nuevos tiempos, a los lenguajes decorativos más tendencia y, a la vez, a espacios contemporáneos y minimalistas.

La ligereza de esta nueva versión no se traduce en falta de cuerpo. Al contrario, La Novena Nube subraya que el equilibrio entre peso visual y presencia es lo que permite que la camilla funcione todo el año sin convertirse en un bloque oscuro en mitad del salón.

¿Cuáles son las claves? El largo, que roza el suelo con naturalidad y los tonos neutros que van desde los crudos al topo suave.

“La clave está en no forzar el protagonismo”, señalan, “cuando una camilla intenta destacar demasiado, recarga. La versión bonita es la que se integra y mejora el ambiente sin reclamar atención”.

 

 

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