Andrés Santiago advierte de los seis errores que agravan las lesiones por procesionaria en perros
![[Img #108646]](http://el7set.es/upload/images/02_2026/3817_procesionarias2.jpg)
Cada primavera se repite el mismo escenario en clínicas veterinarias de toda España: perros con inflamaciones graves, necrosis en la lengua o lesiones en el hocico tras el contacto con la oruga procesionaria. Y es que esta larva es la plaga más importante de los pinares mediterráneos. Solo el Ayuntamiento de Madrid llegó a retirar un total de 13.836 nidos en 2023, lo que se traduce en la eliminación de entre 1,4 y 2,7 millones de orugas. Y eso únicamente en los parques de la ciudad madrileña.
Aun así, la oruga procesionaria del pino sigue siendo uno de los riesgos más subestimados a los que se enfrentan nuestros perros cada año. Basta un simple roce con la lengua o el hocico, o incluso la inhalación de sus pelos urticantes, para desencadenar una reacción inflamatoria muy severa.
Y es que cada vez hay más orugas procesionarias y en muchos de estos casos, más allá del propio contacto, la gravedad del daño está relacionada con errores cometidos en los primeros minutos.
Pero ¿sabemos realmente qué debemos hacer si nuestro perro se encuentra con uno de estas orugas? En una encuesta realizada a más de 1.000 personas por la empresa murciana Silverwoof, el 68% de los encuestados reconoció que no sabría cómo actuar ante una situación así, mientras que, entre quienes aseguran creer saberlo, el error más frecuente es, precisamente frotar. Por otra parte, el 71% de los encuestados aseguraron que, aunque sabía que “pican”, desconocía los efectos reales de la picadura.
El veterinario clínico Andrés Santiago advierte de que los primeros gestos de los tutores suelen ser decisivos en estos momentos y, por eso, ha compartido los errores más frecuentes y los consejos que pueden marcar la diferencia en situaciones como esta.
![[Img #108642]](http://el7set.es/upload/images/02_2026/524_infografia-errores-procesionaria.png)
Error 1: Pensar que “no será para tanto”
Uno de los fallos más habituales es restar importancia al contacto inicial. En algunos casos, el perro apenas muestra síntomas en los primeros minutos o solo parece incómodo, pero los veterinarios recuerdan que la reacción puede ser progresiva y empeorar rápidamente.
“Lo que empieza como una leve inflamación puede derivar en necrosis del tejido horas después, y esperar ‘a ver cómo evoluciona’ es uno de los errores más peligrosos”, explica Santiago.
Error 2: Frotar la zona afectada
Este es, según explica, el error más grave y más repetido. “Al intentar limpiar la boca, la lengua o el hocico, muchas personas frotan la zona de forma instintiva. Sin embargo, al hacerlo, los pelos urticantes se rompen, se extienden y facilitan una mayor absorción de la toxina, agravando la lesión”.
Por ello, Santiago insiste en un mensaje claro: no frotar bajo ningún concepto.
Error 3: Manipular la boca del perro sin protección
Intentar abrir la boca del perro para “mirar qué tiene” o retirar supuestos restos es otro fallo frecuente. Además de peligroso para la persona —los pelos urticantes también afectan a humanos—, “puede aumentar la diseminación de la toxina dentro de la cavidad oral”, explica el veterinario.
La manipulación de la boca debe realizarse únicamente en clínica y por profesionales, bajo las condiciones adecuadas.
Error 4: Confiar en remedios caseros sin acudir al veterinario
Durante años, uno de los pocos recursos disponibles era el uso de agua o agua con vinagre para intentar neutralizar la toxina. Sin embargo, Andrés Santiago es tajante: “Siempre se debe acudir al veterinario y recomiendo llevar en los paseos procesofix Spray. Es una solución específica de primeros auxilios que ayuda a ganar tiempo tras el contacto”, explica. “Puede ser útil para evitar que el picor se extienda y reducir el impacto inicial mientras se llega a la clínica, pero su uso debe ir siempre acompañado de una visita inmediata al veterinario”.
Error 5: Dejar que el perro se lama o se rasque
Tras el contacto, muchos perros intentan aliviar el picor lamiéndose o rascándose de forma insistente. Lejos de ayudar, esto favorece la extensión de la toxina y puede empeorar la lesión.
“Siempre que sea posible, hay que evitar que el perro se toque la zona afectada”, comenta.
Error 6: No llevar al perro controlado en zonas de riesgo
Aunque este último no es un error que ocurra tras la picadura, sí es uno de los factores que más casos provoca. Pasear con el perro suelto en zonas con pinos o sin prestar atención al suelo aumenta considerablemente el riesgo de contacto.
El veterinario recuerda que la procesionaria no solo aparece en el campo, sino también en parques, jardines y calles urbanas con pinos. Por ello, la clave está en la rapidez y la prudencia.
“La mayoría de las lesiones graves podrían minimizarse con una actuación correcta en los primeros minutos”, asegura Santiago, quien añade que, ante la mínima sospecha de contacto con una oruga procesionaria, el protocolo es claro: no frotar, no manipular la zona, rociar con un spray específico para controlar los síntomas, no confiar en que ‘se pasará solo’ y acudir de inmediato al veterinario.
La oruga procesionaria es un riesgo real y cada año afecta a miles de perros en España. Conocer qué no hacer es, en muchos casos, tan importante como saber cómo actuar.
![[Img #108645]](http://el7set.es/upload/images/02_2026/3729_que-hacer-si-mi-perro-ha-estado-en-contacto-con-una-oruga-procesionaria.png)
![[Img #108646]](http://el7set.es/upload/images/02_2026/3817_procesionarias2.jpg)
Cada primavera se repite el mismo escenario en clínicas veterinarias de toda España: perros con inflamaciones graves, necrosis en la lengua o lesiones en el hocico tras el contacto con la oruga procesionaria. Y es que esta larva es la plaga más importante de los pinares mediterráneos. Solo el Ayuntamiento de Madrid llegó a retirar un total de 13.836 nidos en 2023, lo que se traduce en la eliminación de entre 1,4 y 2,7 millones de orugas. Y eso únicamente en los parques de la ciudad madrileña.
Aun así, la oruga procesionaria del pino sigue siendo uno de los riesgos más subestimados a los que se enfrentan nuestros perros cada año. Basta un simple roce con la lengua o el hocico, o incluso la inhalación de sus pelos urticantes, para desencadenar una reacción inflamatoria muy severa.
Y es que cada vez hay más orugas procesionarias y en muchos de estos casos, más allá del propio contacto, la gravedad del daño está relacionada con errores cometidos en los primeros minutos.
Pero ¿sabemos realmente qué debemos hacer si nuestro perro se encuentra con uno de estas orugas? En una encuesta realizada a más de 1.000 personas por la empresa murciana Silverwoof, el 68% de los encuestados reconoció que no sabría cómo actuar ante una situación así, mientras que, entre quienes aseguran creer saberlo, el error más frecuente es, precisamente frotar. Por otra parte, el 71% de los encuestados aseguraron que, aunque sabía que “pican”, desconocía los efectos reales de la picadura.
El veterinario clínico Andrés Santiago advierte de que los primeros gestos de los tutores suelen ser decisivos en estos momentos y, por eso, ha compartido los errores más frecuentes y los consejos que pueden marcar la diferencia en situaciones como esta.
![[Img #108642]](http://el7set.es/upload/images/02_2026/524_infografia-errores-procesionaria.png)
Error 1: Pensar que “no será para tanto”
Uno de los fallos más habituales es restar importancia al contacto inicial. En algunos casos, el perro apenas muestra síntomas en los primeros minutos o solo parece incómodo, pero los veterinarios recuerdan que la reacción puede ser progresiva y empeorar rápidamente.
“Lo que empieza como una leve inflamación puede derivar en necrosis del tejido horas después, y esperar ‘a ver cómo evoluciona’ es uno de los errores más peligrosos”, explica Santiago.
Error 2: Frotar la zona afectada
Este es, según explica, el error más grave y más repetido. “Al intentar limpiar la boca, la lengua o el hocico, muchas personas frotan la zona de forma instintiva. Sin embargo, al hacerlo, los pelos urticantes se rompen, se extienden y facilitan una mayor absorción de la toxina, agravando la lesión”.
Por ello, Santiago insiste en un mensaje claro: no frotar bajo ningún concepto.
Error 3: Manipular la boca del perro sin protección
Intentar abrir la boca del perro para “mirar qué tiene” o retirar supuestos restos es otro fallo frecuente. Además de peligroso para la persona —los pelos urticantes también afectan a humanos—, “puede aumentar la diseminación de la toxina dentro de la cavidad oral”, explica el veterinario.
La manipulación de la boca debe realizarse únicamente en clínica y por profesionales, bajo las condiciones adecuadas.
Error 4: Confiar en remedios caseros sin acudir al veterinario
Durante años, uno de los pocos recursos disponibles era el uso de agua o agua con vinagre para intentar neutralizar la toxina. Sin embargo, Andrés Santiago es tajante: “Siempre se debe acudir al veterinario y recomiendo llevar en los paseos procesofix Spray. Es una solución específica de primeros auxilios que ayuda a ganar tiempo tras el contacto”, explica. “Puede ser útil para evitar que el picor se extienda y reducir el impacto inicial mientras se llega a la clínica, pero su uso debe ir siempre acompañado de una visita inmediata al veterinario”.
Error 5: Dejar que el perro se lama o se rasque
Tras el contacto, muchos perros intentan aliviar el picor lamiéndose o rascándose de forma insistente. Lejos de ayudar, esto favorece la extensión de la toxina y puede empeorar la lesión.
“Siempre que sea posible, hay que evitar que el perro se toque la zona afectada”, comenta.
Error 6: No llevar al perro controlado en zonas de riesgo
Aunque este último no es un error que ocurra tras la picadura, sí es uno de los factores que más casos provoca. Pasear con el perro suelto en zonas con pinos o sin prestar atención al suelo aumenta considerablemente el riesgo de contacto.
El veterinario recuerda que la procesionaria no solo aparece en el campo, sino también en parques, jardines y calles urbanas con pinos. Por ello, la clave está en la rapidez y la prudencia.
“La mayoría de las lesiones graves podrían minimizarse con una actuación correcta en los primeros minutos”, asegura Santiago, quien añade que, ante la mínima sospecha de contacto con una oruga procesionaria, el protocolo es claro: no frotar, no manipular la zona, rociar con un spray específico para controlar los síntomas, no confiar en que ‘se pasará solo’ y acudir de inmediato al veterinario.
La oruga procesionaria es un riesgo real y cada año afecta a miles de perros en España. Conocer qué no hacer es, en muchos casos, tan importante como saber cómo actuar.
![[Img #108645]](http://el7set.es/upload/images/02_2026/3729_que-hacer-si-mi-perro-ha-estado-en-contacto-con-una-oruga-procesionaria.png)






















