Artículo de opinión por Neus Candela, veterinaria en Salud Real Animal
Comunicación veterinaria: cuando el miedo sustituye al criterio
![[Img #108889]](http://el7set.es/upload/images/03_2026/9827_neus-candela.jpg)
En los últimos años la divulgación sobre salud animal ha crecido de forma enorme, especialmente en redes sociales. Cada vez más veterinarios compartimos información fuera de la consulta con el objetivo de ayudar a los tutores a cuidar mejor de sus animales. Sin embargo, esta expansión también me hace plantear una pregunta incómoda: ¿realmente estamos informando o muchas veces estamos comunicando desde el miedo?
Si observamos gran parte del contenido que circula hoy sobre salud animal, veremos que muchos mensajes se basan en advertencias contundentes, prohibiciones tajantes o recomendaciones universales que buscan evitar cualquier riesgo posible. En muchos casos el mensaje es simple: “esto es peligroso”, “esto no debe hacerse”, “esto es lo correcto”.
Entiendo por qué ocurre. Cuando se comunica medicina fuera de la consulta, el contexto se pierde y existe el miedo a que la información se malinterprete. Por eso algunos compañeros creen que la mejor forma de evitar problemas es dar mensajes muy simples y directos. Pero la realidad es que la medicina veterinaria rara vez funciona así.
En mi forma de comunicar intento no hacerlo desde el miedo. Comunico pensando que la persona que me escucha tiene criterio, que puede entender argumentos y que puede tomar decisiones informadas si se le explican bien las cosas. Esto no siempre es bien recibido dentro del propio sector, porque hay quien considera que abrir matices o explicar distintas posibilidades puede resultar arriesgado. Sin embargo, para mí el problema es justo el contrario.
Cuando reducimos la comunicación veterinaria a mensajes absolutos, estamos simplificando una realidad que en medicina casi nunca es blanco o negro. Cada animal tiene un contexto distinto, una edad distinta, un entorno distinto y una situación clínica distinta. Las recomendaciones universales funcionan en muy pocos casos.
Un ejemplo claro es el debate sobre la alimentación cruda en perros y gatos. Durante años gran parte de la comunicación pública sobre este tema se ha centrado en advertir del riesgo de bacterias o parásitos. Ese riesgo existe, pero también es cierto que es muy bajo y que la discusión científica es mucho más amplia. Cuando solo comunicamos el peligro, dejamos fuera del debate otros factores importantes como el manejo, la calidad del alimento o los posibles beneficios.
Y cuando la información se presenta solo desde el miedo, lo que estamos haciendo en realidad es limitar la capacidad de los tutores para comprender y decidir.
Yo creo que el papel del veterinario debería ser otro. Nuestro trabajo no es tomar las decisiones por los tutores, sino explicar bien las opciones, los riesgos y los beneficios para que puedan tomar decisiones conscientes sobre la salud de sus animales.
Al final, el responsable del animal es su tutor. Nosotros estamos para acompañar ese proceso con conocimiento y criterio.
Además, este tipo de comunicación tiene un efecto directo en la relación con las familias. Muchas personas sienten que se les habla como si no fueran capaces de entender nada. Y cuando eso ocurre, en lugar de generar confianza, lo que se genera muchas veces es distancia.
La divulgación veterinaria tiene hoy una oportunidad enorme, pero también una responsabilidad. No se trata solo de llegar a mucha gente, sino de decidir cómo queremos hacerlo.
Entre el alarmismo y la simplificación extrema existe un camino más difícil, pero también más honesto: explicar la complejidad de la medicina sin perder claridad. Porque informar no debería ser asustar. Informar debería ser dar herramientas para pensar.
![[Img #108889]](http://el7set.es/upload/images/03_2026/9827_neus-candela.jpg)
En los últimos años la divulgación sobre salud animal ha crecido de forma enorme, especialmente en redes sociales. Cada vez más veterinarios compartimos información fuera de la consulta con el objetivo de ayudar a los tutores a cuidar mejor de sus animales. Sin embargo, esta expansión también me hace plantear una pregunta incómoda: ¿realmente estamos informando o muchas veces estamos comunicando desde el miedo?
Si observamos gran parte del contenido que circula hoy sobre salud animal, veremos que muchos mensajes se basan en advertencias contundentes, prohibiciones tajantes o recomendaciones universales que buscan evitar cualquier riesgo posible. En muchos casos el mensaje es simple: “esto es peligroso”, “esto no debe hacerse”, “esto es lo correcto”.
Entiendo por qué ocurre. Cuando se comunica medicina fuera de la consulta, el contexto se pierde y existe el miedo a que la información se malinterprete. Por eso algunos compañeros creen que la mejor forma de evitar problemas es dar mensajes muy simples y directos. Pero la realidad es que la medicina veterinaria rara vez funciona así.
En mi forma de comunicar intento no hacerlo desde el miedo. Comunico pensando que la persona que me escucha tiene criterio, que puede entender argumentos y que puede tomar decisiones informadas si se le explican bien las cosas. Esto no siempre es bien recibido dentro del propio sector, porque hay quien considera que abrir matices o explicar distintas posibilidades puede resultar arriesgado. Sin embargo, para mí el problema es justo el contrario.
Cuando reducimos la comunicación veterinaria a mensajes absolutos, estamos simplificando una realidad que en medicina casi nunca es blanco o negro. Cada animal tiene un contexto distinto, una edad distinta, un entorno distinto y una situación clínica distinta. Las recomendaciones universales funcionan en muy pocos casos.
Un ejemplo claro es el debate sobre la alimentación cruda en perros y gatos. Durante años gran parte de la comunicación pública sobre este tema se ha centrado en advertir del riesgo de bacterias o parásitos. Ese riesgo existe, pero también es cierto que es muy bajo y que la discusión científica es mucho más amplia. Cuando solo comunicamos el peligro, dejamos fuera del debate otros factores importantes como el manejo, la calidad del alimento o los posibles beneficios.
Y cuando la información se presenta solo desde el miedo, lo que estamos haciendo en realidad es limitar la capacidad de los tutores para comprender y decidir.
Yo creo que el papel del veterinario debería ser otro. Nuestro trabajo no es tomar las decisiones por los tutores, sino explicar bien las opciones, los riesgos y los beneficios para que puedan tomar decisiones conscientes sobre la salud de sus animales.
Al final, el responsable del animal es su tutor. Nosotros estamos para acompañar ese proceso con conocimiento y criterio.
Además, este tipo de comunicación tiene un efecto directo en la relación con las familias. Muchas personas sienten que se les habla como si no fueran capaces de entender nada. Y cuando eso ocurre, en lugar de generar confianza, lo que se genera muchas veces es distancia.
La divulgación veterinaria tiene hoy una oportunidad enorme, pero también una responsabilidad. No se trata solo de llegar a mucha gente, sino de decidir cómo queremos hacerlo.
Entre el alarmismo y la simplificación extrema existe un camino más difícil, pero también más honesto: explicar la complejidad de la medicina sin perder claridad. Porque informar no debería ser asustar. Informar debería ser dar herramientas para pensar.





















