Domingo, 22 de Marzo de 2026

Actualizada Domingo, 22 de Marzo de 2026 a las 19:47:57 horas

EDUARDO PARÍS MUÑOZ
Domingo, 22 de Marzo de 2026
Artículo de divulgación histórica por EDUARDO PARÍS MUÑOZ. Marzo 2026.

TORREBLANCA. Segunda repoblación de su territorio

Desde hace muchos (pero muchos) años nos interesó conocer un sugerente tema sobre el período medieval de la interesante población de Torreblanca, nuestra villa natal.

Sabíamos que, tras la Conquista (mal llamada “Reconquista”) de las tropas cristianas del rey Jaume I, se repobló aquella tierra musulmana, aunque desconocíamos el año en que se llevó a cabo (lo estimamos hacia 1360).

Una centuria transcurrió sin que su población lograra progresar en gran medida, hasta que ocurre el lamentable suceso de 1397, cuando una flotilla de piratas irrumpe en la población, diezmando a sus habitantes. Este hecho fue la causa principal de la despoblación durante los dos siglos siguientes.

Llegado 1576, el señor feudal de aquel extenso territorio llamado “Tenencia de Mirabet”, que comprendía las poblaciones de Mirabet, Albalat y Torreblanca, decide reorganizar el territorio: agregará Mirabet y Albalat a la población de Cabanes, mientras que el lugar de Torreblanca —ya sea por intuir su potencial futuro o por alguna otra circunstancia— recibirá una nueva oportunidad mediante la llegada de nuevos pobladores que lo habiten, lo trabajen y generen riqueza.

Al parecer, el señor feudal del territorio (el obispo tortosino Juan Izquierdo) intuyó algo que le llevó a promover con firmeza su voluntad repobladora.

En aquel momento, el “lloch” de Torreblanca se encontraba prácticamente despoblado a consecuencia del mencionado ataque pirata (algunas fuentes hablan del apresamiento de un centenar de vecinos), y apenas se tenía en cuenta políticamente.

Conviene destacar la “tozudez” del obispo Juan, quien no solo concibió, sino que llevó a cabo su idea repobladora, materializada el 30 de agosto de 1576. Es lo que conocemos como la “segunda Carta Pobla de Torreblanca”, mediante la cual concede permiso a 37 nuevos pobladores para establecer sus hogares en un asentamiento tan precario. Estos tuvieron que organizar su vida, trabajar las tierras —que previamente debían repartirse— y establecer sus normas de convivencia, todo ello pactado entre pobladores y obispo según las costumbres de la época (generalmente mediante tributos en forma de frutos y animales).

La investigación nos ha llevado, tras un largo proceso de recopilación de noticias y datos dispersos a lo largo de muchos años, a obtener los primeros resultados que orientan nuestras conclusiones.

De este modo, esperamos estar en condiciones de avanzar y concluir pronto el estudio emprendido hace ya tiempo. Nos sorprenderá comprobar que algunos de los linajes primigenios todavía perduran hoy en los mismos lugares donde lo hacían sus antepasados de 1576.

Consideramos que la investigación se encuentra en una fase suficientemente avanzada como para darla a conocer públicamente en breve, para entretenimiento y curiosidad general.

¡Un poco de paciencia, por favor!

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