Poemas al aire es un espacio abierto de el7set donde los vecinos comparten palabras, emociones y miradas sobre su entorno.
Lourdes
Poemas al aire es un espacio abierto de el7set donde los vecinos comparten palabras, emociones y miradas sobre su entorno.
Hay palabras, Lourdes,
que llevan años viviendo conmigo,
sentadas en silencio al borde de los días,
esperando el momento de salir.
Palabras que te pertenecen
y que nunca he sabido decirte del todo.
Quizá porque los hombres de mi generación
aprendimos antes a aguantar que a hablar,
antes a trabajar que a explicar lo que sentimos,
antes a callar que a abrir el corazón.
Pero hoy quiero intentarlo.
Quiero decirte
que has sido mucho más que la mujer de mi vida.
Has sido mi refugio.
Mi puerto cuando llegaban las tormentas.
La mano que encontraba la mía
cuando todo parecía derrumbarse.
La voz que me devolvía la calma
cuando el mundo se volvía demasiado ruidoso.
Y sé que muchas veces
no te lo he agradecido.
Sé que hubo días
en los que llegué cansado,
preocupado,
ausente,
y olvidé decirte lo importante.
Que estabas allí.
Que seguías allí.
Que gracias a ti
muchas cosas no se rompieron.
Lourdes,
perdóname por todas las veces
que di por hecho tu compañía,
como si el amor fuera algo seguro,
como si la felicidad no necesitara cuidados.
Perdóname por los silencios,
por las prisas,
por los momentos en que no supe verte
con los ojos que merecías.
Porque la verdad es que te he admirado siempre.
He admirado tu fortaleza.
Tu manera de levantarte cuando la vida apretaba.
Tu capacidad para cuidar de todos
mientras olvidabas cuidarte a ti misma.
Tu forma de seguir adelante
aunque nadie te aplaudiera.
Y también quiero decirte
que todavía te miro.
Sí.
Todavía te miro.
Quizá no como aquel joven enamorado
que quería detener el tiempo,
sino como un hombre que sabe
que tuvo la inmensa suerte
de encontrar a alguien con quien compartir la vida.
Porque los años cambian muchas cosas,
pero hay amores que aprenden a quedarse.
Amores que dejan de hacer ruido
para convertirse en hogar.
Y tú eres eso para mí.
Mi hogar.
El lugar al que siempre quiero volver.
La persona con la que siguen teniendo sentido
las pequeñas cosas:
un paseo,
una conversación,
un café compartido,
un silencio tranquilo al final del día.
Si alguna vez no supe demostrártelo,
si alguna vez mis actos fueron más pequeños
que lo que sentía mi corazón,
quédate con esta verdad:
te he querido más de lo que he sabido expresar.
Mucho más.
Y te sigo queriendo.
Con las arrugas que cuentan nuestra historia.
Con los sueños cumplidos
y con los que se quedaron por el camino.
Con las alegrías.
Con las pérdidas.
Con todo lo vivido.
Porque el amor verdadero
no es el que nunca cambia.
Es el que permanece.
Y cuando llegue el día
en que los recuerdos sean más numerosos que los proyectos,
cuando miremos atrás y repasemos nuestra historia,
quiero que sepas que volvería a elegirte.
Sin dudarlo.
Volvería a buscar tu mano entre la multitud.
Volvería a empezar contigo.
Volvería a compartir contigo
las risas, los miedos, las luchas y la esperanza.
Porque entre todas las cosas
que la vida me regaló,
tú has sido la más hermosa.
Y aunque no siempre encuentre las palabras,
aunque muchas veces el corazón se me quede pequeño para decirlo,
quiero que nunca olvides esto:
Gracias por quedarte.
Gracias por caminar a mi lado.
Gracias por ser Lourdes.
La mujer que amo,
la mujer que admiro,
la mujer a la que, después de todos estos años,
sigo eligiendo cada día.
Hay palabras, Lourdes,
que llevan años viviendo conmigo,
sentadas en silencio al borde de los días,
esperando el momento de salir.
Palabras que te pertenecen
y que nunca he sabido decirte del todo.
Quizá porque los hombres de mi generación
aprendimos antes a aguantar que a hablar,
antes a trabajar que a explicar lo que sentimos,
antes a callar que a abrir el corazón.
Pero hoy quiero intentarlo.
Quiero decirte
que has sido mucho más que la mujer de mi vida.
Has sido mi refugio.
Mi puerto cuando llegaban las tormentas.
La mano que encontraba la mía
cuando todo parecía derrumbarse.
La voz que me devolvía la calma
cuando el mundo se volvía demasiado ruidoso.
Y sé que muchas veces
no te lo he agradecido.
Sé que hubo días
en los que llegué cansado,
preocupado,
ausente,
y olvidé decirte lo importante.
Que estabas allí.
Que seguías allí.
Que gracias a ti
muchas cosas no se rompieron.
Lourdes,
perdóname por todas las veces
que di por hecho tu compañía,
como si el amor fuera algo seguro,
como si la felicidad no necesitara cuidados.
Perdóname por los silencios,
por las prisas,
por los momentos en que no supe verte
con los ojos que merecías.
Porque la verdad es que te he admirado siempre.
He admirado tu fortaleza.
Tu manera de levantarte cuando la vida apretaba.
Tu capacidad para cuidar de todos
mientras olvidabas cuidarte a ti misma.
Tu forma de seguir adelante
aunque nadie te aplaudiera.
Y también quiero decirte
que todavía te miro.
Sí.
Todavía te miro.
Quizá no como aquel joven enamorado
que quería detener el tiempo,
sino como un hombre que sabe
que tuvo la inmensa suerte
de encontrar a alguien con quien compartir la vida.
Porque los años cambian muchas cosas,
pero hay amores que aprenden a quedarse.
Amores que dejan de hacer ruido
para convertirse en hogar.
Y tú eres eso para mí.
Mi hogar.
El lugar al que siempre quiero volver.
La persona con la que siguen teniendo sentido
las pequeñas cosas:
un paseo,
una conversación,
un café compartido,
un silencio tranquilo al final del día.
Si alguna vez no supe demostrártelo,
si alguna vez mis actos fueron más pequeños
que lo que sentía mi corazón,
quédate con esta verdad:
te he querido más de lo que he sabido expresar.
Mucho más.
Y te sigo queriendo.
Con las arrugas que cuentan nuestra historia.
Con los sueños cumplidos
y con los que se quedaron por el camino.
Con las alegrías.
Con las pérdidas.
Con todo lo vivido.
Porque el amor verdadero
no es el que nunca cambia.
Es el que permanece.
Y cuando llegue el día
en que los recuerdos sean más numerosos que los proyectos,
cuando miremos atrás y repasemos nuestra historia,
quiero que sepas que volvería a elegirte.
Sin dudarlo.
Volvería a buscar tu mano entre la multitud.
Volvería a empezar contigo.
Volvería a compartir contigo
las risas, los miedos, las luchas y la esperanza.
Porque entre todas las cosas
que la vida me regaló,
tú has sido la más hermosa.
Y aunque no siempre encuentre las palabras,
aunque muchas veces el corazón se me quede pequeño para decirlo,
quiero que nunca olvides esto:
Gracias por quedarte.
Gracias por caminar a mi lado.
Gracias por ser Lourdes.
La mujer que amo,
la mujer que admiro,
la mujer a la que, después de todos estos años,
sigo eligiendo cada día.






















