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Miércoles, 06 de Febrero de 2013
Castellón

Carmen Posadas y “El testigo invisible” en la Fundación Caja Castellón

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“Los criados lo ven todo. Y, además, llama mucho la atención cómo los criados son invisibles para los señores. Ellos están ahí, pero como son tan insignificantes, como forman parte del mobiliario, pues entonces ni los ven, y son testigos de muchísimas cosas importantes”. Es lo que afirma la escritora Carmen Posadas.

Con esta idea ha presentado “El testigo invisible” en el Salón de Actos de la Fundación Caja Castellón. Un retrato de la dinastía de los Romanov durante las dos primeras décadas del siglo XX, un periodo histórico convulso en Europa. Para ello ha tenido acceso a documentos inéditos que desvelan aspectos desconocidos de la familia imperial rusa.

El protagonista de este relato es Leonid Sednev, un hombre de 92 años que, en su lecho de muerte, cuenta lo que vivió entre 1912 y 1918, un tiempo en el que trabajó como deshollinador en el palacio Aleksandr, donde vivían los zares de las Rusias con sus hijos.

"Esta es una historia de arriba y abajo, sobre la vida de los señores y la vida de los criados", ha señalado la escritora. Por ello se muestra un "punto de vista interesante", el de aquellos "testigos invisibles" de todo lo que ocurre, "la intrahistoria" de lo que se conoce, en palabras de Posadas.

En su trabajo de investigación, la autora encontró documentos que sacaban a la luz "romances", así como una nueva versión sobre la muerte de Rasputín, escondida en los documentos desclasificados en Reino Unido. "Los servicios secretos británicos sabían que Rasputín estaba muy en contra de que Rusia estuviera en guerra, y pensaban que si Rusia salía de este conflicto los batallones se volverían hacia el frente aliado", ha explicado la escritora. Cuando leyó el diario del Zar se dio cuenta de la "enorme paradoja de la historia", ya que Rasputín no fue consciente de lo que estaba ocurriendo. "El día que estalló la revolución él estaba pensando en jugar al dominó. Qué increíble es como uno puede no ser consciente de lo que ya tiene encima", afirma.

Afirma la autora que 100 años después los Romanov siguen suscitando tanto interés  “Sobre todo, porque es una historia muy trágica. Y yo diría que también hay un fenómeno estético, ¡eran tan guapos todos!, empezando por el zar y la zarina, y siguiendo por sus hijos, eran guapísimos. Juntas todo eso al personaje de Rasputín -entre fascinante y aterrador- y a que era una época en la que estaba de moda la fotografía, así que hay multitud de fotos de ellos y da la impresión de que los estás viendo, de que los conoces".

 “La Rusia actual de Putin no se distingue mucho de la Rusia soviética que yo conocí. Es cierto que hay un poco más de libertad, pero esta se circunscribe al ámbito de lo económico. Existe la censura en todas sus modalidades. Recuerdo mis años en Moscú como metida en un cómic de Anacleto Agente Secreto: la embajada estaba llena de micrófonos y funcionaban tan mal, que de vez en cuando, sobre todo por la noche, se invertían y los oíamos nosotros a ellos. Había que golpear la pared y decir: '¡Por favor, cállense, queremos dormir!. En lo que se refiere a Rusia se cumple ese dicho francés de que cuanto más cambian las cosas más se parece a lo anterior. Realmente es una pena".

Para Posadas Rusia “es un país de unos contrastes enormes. Se parece bastante a España, pero en exagerado. Si los españoles son apasionados ya los rusos están absolutamente enloquecidos. Es la forma de ser española elevada al cubo".

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