Fundación Caja Castellón
Manuel Vicent clausura la temporada del ciclo Condición Literal con “El azar de la mujer rubia”
![[Img #21699]](upload/img/periodico/img_21699.jpg)
Con “El azar de la mujer rubia” el escritor y periodista Manuel Vicent dibuja el escenario de un bosque lácteo que hay que imaginar, un caminar en medio de la niebla. Suárez, en la imaginación de Vicent, da un paso tras otro sin saber hacia dónde y va viendo cómo pasan los fantasmas. Muchos, pero sobre todo dos: el Rey y una mujer de la que, según Vicent, todo el mundo estuvo enamorado alguna vez, Carmen Díez de Rivera.
Gracias a estos personajes, Vicent analiza la Transición Española a través de una partida de amor a tres bandas que acaba por convertirse en un fiel retrato de las últimas cuatro décadas de la historia de España. Es “una historia donde convierto los elementos de la Transición en ficción. Hubo un momento al principio de ese tiempo donde todas las fuerzas antagónicas, del franquismo a la clandestinidad, se pusieron de acuerdo para sacar lo más positivo para solucionar un problema y salir de la Dictadura. Han existido algunos momentos donde se ha dado por terminada la Transición, desde el golpe de Tejero hasta la victoria de Aznar pasando por la victoria socialista de 1982. Ahora estamos en un momento donde la Transición parece que no haya sucedido porque la política se ha vuelto tóxica en la que sólo hay voluntad de tirarse las bolsas de basura encima, unos contra otros”.
Por esa razón, probablemente, “ahora mismo Suárez tiene todas las características del héroe romántico. Un político dotado de olfato a corta distancia. No se sabía muy bien hacia donde iba. Era un aventurero y un héroe traicionado por sus propios camaradas, un héroe que en el momento que tiene que dar la talla la dio, en el 23F, y no sólo porque no se tiró al suelo, sino más bien porque arriesgó el pellejo para ayudar a Gutiérrez Mellado. La guinda es que pierde la memoria, porque así se queda en la pura ficción.”
“El personaje Suárez es la única figura que puede seguir teniendo un peso coherente en el sentido de lo que hizo, es el único político de su tiempo que mantiene su solidez".
Pero concluye Vicent que “la Historia es una máquina de picar carne y a la vez de olvidar, es todo lo contrario a lo que tendría que ser, incorporar el pasado para entender el presente y determinar el futuro. Ahora mismo el vivir es triturar el pasado para olvidarlo.” Ahora “la gente está muy ocupada en sobrevivir”.
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Con “El azar de la mujer rubia” el escritor y periodista Manuel Vicent dibuja el escenario de un bosque lácteo que hay que imaginar, un caminar en medio de la niebla. Suárez, en la imaginación de Vicent, da un paso tras otro sin saber hacia dónde y va viendo cómo pasan los fantasmas. Muchos, pero sobre todo dos: el Rey y una mujer de la que, según Vicent, todo el mundo estuvo enamorado alguna vez, Carmen Díez de Rivera.
Gracias a estos personajes, Vicent analiza la Transición Española a través de una partida de amor a tres bandas que acaba por convertirse en un fiel retrato de las últimas cuatro décadas de la historia de España. Es “una historia donde convierto los elementos de la Transición en ficción. Hubo un momento al principio de ese tiempo donde todas las fuerzas antagónicas, del franquismo a la clandestinidad, se pusieron de acuerdo para sacar lo más positivo para solucionar un problema y salir de la Dictadura. Han existido algunos momentos donde se ha dado por terminada la Transición, desde el golpe de Tejero hasta la victoria de Aznar pasando por la victoria socialista de 1982. Ahora estamos en un momento donde la Transición parece que no haya sucedido porque la política se ha vuelto tóxica en la que sólo hay voluntad de tirarse las bolsas de basura encima, unos contra otros”.
Por esa razón, probablemente, “ahora mismo Suárez tiene todas las características del héroe romántico. Un político dotado de olfato a corta distancia. No se sabía muy bien hacia donde iba. Era un aventurero y un héroe traicionado por sus propios camaradas, un héroe que en el momento que tiene que dar la talla la dio, en el 23F, y no sólo porque no se tiró al suelo, sino más bien porque arriesgó el pellejo para ayudar a Gutiérrez Mellado. La guinda es que pierde la memoria, porque así se queda en la pura ficción.”
“El personaje Suárez es la única figura que puede seguir teniendo un peso coherente en el sentido de lo que hizo, es el único político de su tiempo que mantiene su solidez".
Pero concluye Vicent que “la Historia es una máquina de picar carne y a la vez de olvidar, es todo lo contrario a lo que tendría que ser, incorporar el pasado para entender el presente y determinar el futuro. Ahora mismo el vivir es triturar el pasado para olvidarlo.” Ahora “la gente está muy ocupada en sobrevivir”.













