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Martes, 6 de septiembre de 2016 | Leída 195 veces
Vuelta al cole

Los podólogos elaboran una serie de consejos para que los ‘peques’ empiecen el cole con buen pie

• El pie de los niños aumenta unos 8 milímetros de mediacada 3 meses; este crecimiento es mayor cuando son más pequeños.
• El Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos plantea 20 consejos para que los padres obtengan un sobresaliente este curso .
• Un estudio entre 600 escolares del profesor Roberto Pascual, de la Universidad Miguel Hernández, envió a más de un tercio al podólogo, de ellos un 40% por posible pie plano infantil
• El 83% de los escolares calzaba la talla adecuada, pero el 62% acudía al colegio con calzado específico para fútbol y un 11% con deportivas con ruedines


[Img #51927]Llega la temida 'vuelta al cole': los niños habrán aumentado una talla de calzado, al menos (cada trimestre su pie crece unos 8 milímetros; este crecimiento es mayor cuando el niño es más pequeño: al año y medio el pie tiene aproximadamente la mitad de longitud que presenta al final del crecimiento y a los 10 años el 80% del tamaño total). Es el momento de comprarles el calzado adecuado para este curso.  El calzado de uso escolar es el más importante porque es el que habitualmente lleva el niño una media de entre 9 y 12 horas al día, ya que habitualmente continúa con él tras el final de la jornada escolar.

Hay que escoger un modelo que se adapte a sus necesidades motrices, que permita el correcto desarrollo del pie y del aparato locomotor y la libertad de los movimientos naturales del pie, con respeto a la fisiología y biomecánica del pie.

El Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos ha elaborado unas recomendaciones básicas para dar con los zapatos perfectos para el nuevo curso. La elección del calzado es un factor fundamental, especialmente para niños de 1 a 8 años(desde que se empieza a calzarlos hasta que se ha producido el desarrollo del 80% de la evolución angular y torsional de los miembros inferiores).

El calzado es un invento humano, por lo que no debe alterar la evolución fisiológica del pie, ni suplir las funciones de los elementos naturales del pie como son la amortiguación, flexibilidad o movilidad.

Las posibles consecuencias más comunes asociadas al uso de un calzado inadecuado van desde las deformidades de los dedos y “uñeros”(onicocriptosis) hasta sobrecargas o acortamientos musculares, tendinitis aquílea, dolor en la planta del pie y eccemas o dermatitis causados por materiales sintéticos.

Durante el crecimiento y la maduración de la marcha, es necesario realizar revisiones periódicas, para comprobar que no existe ninguna complicación y, si la hay, tomar las medidas necesarias para que no afecte a otros componentes anatómicos como las rodillas o espalda. Lo más recomendable es llevar al niño al podólogo, al menos una vez al año. El inicio del curso puede ser un buen momento para empezar.

Si no hay ningún tipo de alteración manifiesta, la edad recomendable para visitar al podólogo por primera vez es entre los 3 y los 4 años de edad, cuando podemos ver cómo se desarrolla el pie y los miembros inferiores.

4 errores comunes que nos aseguran el “suspenso”
-       Comprar el calzado más grande para que le valga toda la temporada: el calzado tiene que acomodarse al tamaño real del pie del niño. Si el zapato no es justo de su talla podría alterar su forma de caminar, provocarle inestabilidad o crearle ampollas o laceraciones.
-       “Heredar” zapatos, pasando de unos a otros hermanos o entre familiares o amigos: la pisada de cada persona es diferente y compartir calzado puede distorsionar la misma.
-       Reutilizar el calzado de la temporada pasada, sin tener en cuenta el desgaste del calzado, el crecimiento del pie…
-       Comprar el calzado solo atendiendo a su precio porque les va a durar poco. Aunque, que sea más caro no asegura que sea mejor.

6 características básicas que nos van a permitir “aprobar”
1.      El calzado debe ser de la talla adecuada. Lo mejor es medir el pie y el interior del zapato. La mayoría de zapatos presentan una palmilla interior que se puede sacar en la que está dibujada la parte posterior del pie y una marca del lugar donde deben terminar los dedos. Esta es la forma más fácil de valorarlo. Si no la incluye… ¿cómo hacerlo? Hay que poner un folio en el suelo, hacer pisar al niño con el pie descalzo, poniéndose de puntillas y luego bajando. Se marca con un lápiz en la punta de los dedos (en el dedo más largo que puede ser el gordo o el segundo) y en el talón. Se mide con una regla. Esta medición se hace con ambos pies porque siempre tenemos un pie un poco más grande que otro. A la medida del pie mayor hay que sumarle 1 cm. Hay que llevar a la zapatería un metro que podamos introducir dentro del zapato para comprobar que la medida es correcta. El niño debe probarse el calzado con los calcetines puestos y, si lleva tratamiento ortopédico, con las plantillas. Es recomendable que se ponga de pie y se pruebe ambos zapatos a la vez, porque los dos pies no son iguales y para que cargue su peso sobre los dos pies. El mejor momento para medir el pie en casa y probar el calzado es al final del día. El truco del dedito entre el talón y el pie no es suficientemente riguroso porque dentro del zapato el niño puede estar encogiendo los dedos y no podemos observarlo.


2.      Es conveniente proteger la parte de los maleolos (los huesos laterales del tobillo) pero con una protección suficientemente flexible para permitir el movimiento completo de la articulación del tobillo sin limitarla movilidad del pie y su desarrollo natural.


3.      Flexibilidad en la zona de dedos. El zapato tiene que proteger al pie, no comprimirlo. Debe ser suficientemente ancho por delante para permitir a los dedos abrirse y moverse con libertad. La protección de puntera solo se aconseja en los preandantes, por el gateo.


4.      El zapato tiene que ser de material natural -piel, algodón…- y facilitar la transpiración. Es importante palpar el calzado por dentro, sobre todo en el talón, para asegurar que no tiene ninguna costura que pueda dañar el pie.


5.      La suela no debe ser demasiado fina sino tener cierto grosor y ser antideslizante; no debe ser ni muy rígida ni demasiado flexible: una suela de goma con la misma flexibilidad natural del pie; la horma debe ser recta, de modo que cuando miremos los zapatos, la forma de la suela no debe hacer curva hacia dentro del pie porque podría alterar la marcha y crear deformidades. Es la forma de favorecer el equilibrio y salvaguardar las piernas y la espalda. No deben llevar tacón porque altera la longitud normal de la musculatura posterior, altera el centro de gravedad y la postura: los zapatos de los niños deben ser totalmente planos.


6.      Es importante que tengan algún medio de sujeción, comoc ordones (o velcro, en su defecto) para sujetar bien el pie y evitar movimientos excesivos adelante y atrás o lateralizados. Las chanclas, zuecos, mocasines o bailarinas no son recomendables porque la percepción de que el zapato se sale a cada paso obliga a los dedos a hacer un trabajo extra de 'agarre'. y que el pie quede correctamente sujeto.

10 recomendaciones más para conseguir un sobresaliente
1. Cuidado con las modas y con dar prioridad a la estética: las manoletinas o bailarinas no son el calzado más adecuado ni la moda del zapato con tacón o plataforma a juego para madres e hijas que promocionan algunas marcas.

2. A pesar de haber elegido un calzado correcto, los zapatos y zapatillas deben utilizarse solo unas horas del día. Es recomendable que en casa los pies estén libres, y será suficiente utilizar un calcetín antideslizante o zapatilla de casa, si no existe ninguna contraindicación. Hay que evitar que anden descalzos. La propiocepción es importante, sobre todo durante las primeras etapas de desarrollo.

3. En las extraescolares hay actividades deportivas como la natación o las artes marciales que practican descalzos, lo que puede favorecer la aparición de papilomas plantares. Lo recomendable en vestuarios y piscinas es ir calzado preferiblemente con escarpines tipo surf o barranquismo. Además, es conveniente hacer un seguimiento: cuanto antes se detecte es más eficaz el tratamiento y menos doloroso el problema.


4. Los chicos y chicas que practiquen fútbol u otra actividad deportiva (tenis, balonmano, baloncesto….) que requiera un calzado específico deben ponérselo solo para la práctica deportiva.


5. Las deportivas con ruedines son un juguete y no se deben llevar al cole. Su uso debe estar limitado como máximo a una o dos horas a la semana. Pueden ocasionar problemas por la altura de su tacón, peso excesivo e inestabilidad.


6. No hay que sobreproteger el pie. Algunas zapatillas deportivas tienen tanta calidad (comodidad, transpiración y ligereza) que si se abusa de ellas, el pie se acostumbrará a un excesivo confort.  Si el calzado cumple las funciones que deberían desempeñar de forma natural los propios elementos del pie (amortiguación, flexibilidad, movilidad) estos elementos se atrofian y perjudican a la evolución natural de pie.


7. Hay que hacer una inspección frecuente de los pies de los peques, incluida la zona entre los dedos y también del calzado por si surgen aristas o se acumula suciedad que pueda dañar sus pies.


8. Hay que lavar los pies a diario, secándolos con cuidado, sobre todo entre los dedos. Hay que controlar la temperatura del agua, que no sea superior a 37 grados: a veces la sensibilidad no es buena y se pueden provocar quemaduras.


9. En caso de sequedad excesiva, puede ser conveniente usar aceites y cremas lubricantes.
10. Hay que cortarles las uñas en línea recta y en caso de no saber acudir al especialista.

¿Calzamos bien a nuestros peques?

[Img #51926]Un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche, realizado por el podólogo Roberto Pascual y avalado y divulgado este año por el Consejo General de Colegios de Podólogos, revela que existe un alto porcentaje de niños que acuden al centro escolar con calzado específico para una actividad deportiva (principalmente fútbol). De los 600 niños analizados (entre 3 y 12 años) un 62% de los escolares, casi todos niños, acudieron al colegio con un calzado específico para fútbol sala o césped artificial con las características propias de este tipo de calzado (horma estrecha, suela fina, multitacos, material artificial). Además, el 11% del alumnado (principalmente, niñas) acudieron al centro escolar con deportivas con ruedines.


Por fortuna, el 83% de los niños llevaba el calzado adecuado en función del tamaño del pie.
Tras este estudio, a más de un tercio de los escolares (38,35%) se les recomendó la realización de una revisión podológica. De los escolares a los que se les recomendó acudir al podólogo para una exploración clínica, un 40% fue por prevalencia del pie plano infantil, otro 40% por alteraciones en la marcha, principalmente relacionados con marcha con las puntas de los pies hacia dentro y marcha de puntillas; alteraciones digitales y posibles asimetrías de miembros inferiores representaron el otro 20% de los informes derivados al especialista podológico.


El caso del fútbol es el más evidente. A los niños les gusta que las botas estén muy ajustadas, porque parece ser que cuando los dedos están muy ajustados el control del balón se hace con mayor exactitud, pero que las botas estén excesivamente ajustadas puede traer muchos problemas. El primero es que las uñas se traumaticen, se amoraten y se puedan perder, y el segundo es que esos dedos se acaben deformando y deriven en unos dedos en garra o unos dedos en martillo.

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