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Miércoles, 11 de octubre de 2017 | Leída 39 veces
Gestión de residuos

El SDDR se alza como alternativa ante el SIG que apenas recupera una quinta parte de los envases que tiramos a la basura

Ecologistas en Acción reivindica la necesidad de implantar el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases por su capacidad para valorizar este tipo de residuos, asegurar la calidad de los envases regresados y evitar el abandono de estos materiales en el entorno urbano y natural

En el País Valencià se generan dos millones de toneladas de residuos sólidos urbanos. Aproximadamente, una cuarta parte son envases de diversos materiales (madera, metales, plástico, papel y cartón, etc.) que acaban en la basura. Casi 400.000 toneladas de envases son enviadas y enterradas en los vertederos del territorio, en torno al 80% de los mismos. Tras veinte años de Sistema Integral de Gestión (SIG) de materiales reciclables, no parece que el avance en las tasas de recuperación sea digno de alabanza. Pero existen alternativas que han dado muy buenos resultados en otras comunidades del Estado español y allende de sus fronteras como es el caso del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). Este mecanismo suele tomar la forma de una red de máquinas que registran el regreso y devuelven la pequeña tasa abonada por el envase en la compra del producto.

 

Según Joan Marc Simón, director ejecutivo de Zero Waste Europe (organización con sede en Bruselas que defiende un modelo de gestión que aspire a un escenario de Residuo Cero), “el sistema de retorno de envases tiene la virtud de poner en valor lo que otros consideran basura e incentivar su recuperación”. Por otra parte, señala que el SDDR garantiza la calidad de los envases devueltos, pues llegan limpios de restos orgánicos y sin compactar, lo que facilita su reincorporación en el circuito de uso y reduce los costes de procesamiento.

 

Otro problema característico del esquema actual de gestión es el abandono de envases en el medio natural y urbano. Investigaciones de la Fundación Ellen MacArthur revelan que el 72% de los envases de plástico no se recuperan: una tercera parte son abandonados en el entorno y un 14% acaban en los hornos de las incineradoras. El SIG tampoco da solución a esta realidad: el contenedor amarillo sólo recoge dos de los siete millones de envases que se generan en el País Valencià. “Numerosas experiencias han demostrado que el SDDR consigue reducir la cantidad de envases que acaban extraviados en un 40%”, expone Joan Marc Simón. De hecho, varios países que utilizan este sistema han conseguido reciclar cerca del 90% de los envases que producen.

 

La oposición de los poderes económicos

El PSPV votó lo mismo que Ciudadanos en la reciente sesión de las Cortes valencianas en la que Podemos sugirió la inclusión del SDDR en el Plan Integral de Residuos que está elaborando la Conselleria. Ambos rechazaron la propuesta, pese a que los socialistas han contemplado en numerosas ocasiones la implantación de este sistema. Fue la primera vez que la cámara de decisión expresó de manera explícita su posición frente a dicha iniciativa, que ha suscitado la enérgica resistencia de multitud de empresas y organismos del poder económico como Asucova (Mercadona, Dialprix, Consum, …) o Anged (Carrefour, Alcampo, El Corte Inglés, …).

 

Pero la oposición más insistente ha llegado de la mano de Ecoembes, en cuyo accionariado se pueden encontrar marcas del calibre de Nestlé, Danone o Coca-Cola. La entidad sin ánimo de lucro ha dedicado una gran cantidad de recursos a la defensa del SIG, al que muestra su adhesión incondicional. Para Ecologistas en Acción, dicho antagonismo se debe a los intereses mercantiles de las empresas que se lucran con la producción y el tratamiento de envases y que dependen casi por completo del modelo actual. Un modelo que se desarrolla a costa de perjudicar el medio ambiente.

 

Responsabilidad ampliada del productor

Asimismo, existen mecanismos fiscales que pueden intervenir en el mercado a favor de la producción de envases con materiales reciclables y sostenibles. Hay recipientes que entorpecen las labores de recuperación por aparecer, en la mayoría de las ocasiones, contaminados de materia orgánica o ser de un tamaño muy reducido. Es el caso de las cápsulas individuales de café, mantequilla, mermelada o leche. Joan Marc Simón recuerda que ese tipo de envases, como las botellas de agua, están prohibidos en la oferta de productos de los edificios públicos de ciudades como Hamburgo. “En Bruselas, estamos trabajando para impulsar una nueva legislación de responsabilidad ampliada del productor: los materiales tóxicos se tienen que prohibir, los materiales que no se pueden reciclar tienen que ser grabados con nuevos impuestos y los materiales más ecológicos deben ser respaldados por subvenciones extraídas del dinero recaudado a partir de malas prácticas”, añade el experto.

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