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Tomas Torres
Sábado, 24 de febrero de 2018

¿Qué hacemos con el Prat?

La vigencia de los Planes de Prevención de Incendios de los parques naturales del Prat, Desert de Les Palmes y Serra d’Irta terminó en 2016

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El incendio declarado el pasado sábado 10 de febrero en la Carrasa Ampla, en el término municipal de Torreblanca, y que calcinó 100 hectáreas de carrizo y cañas en el Parque Natural del Prat de Cabanes-Torreblanca ha vuelto a poner sobre la mesa la problemática relación que los municipios, colectivos y administraciones implicadas en la gestión de estos espacios naturales mantenemos históricamente.

 

No se trata del incendio más importante padecido por este Parque Natural, ni por extensión ni por valor ecológico de los hábitats afectados, pero si llega en un momento sensible en el equilibrio de fuerzas vinculadas a este parque. La nueva dirección del Parque Natural del Prat ha logrado una cierta paz social con los agentes sociales con representación en la Junta Rectora, excepción hecha de los colectivos ecologistas, que tras el reciente incendio se mostraron muy críticos con la dirección del parque, con el Ayuntamiento de Torreblanca y con los cazadores.

 

El colectivo ecologista ya amenazó con llevar ante la fiscalía las quemas controladas que se realizaron el 3 de marzo de 2017 a propuesta del Ayuntamiento de Torreblanca, bajo la supervisión de la Dirección General del Medio Natural y la dirección del Parque Natural del Prat, motivo por el que las quemas se suspendieron, a pesar de haberse realizado quemas de tan solo 20 hectáreas de las más de 40 previstas inicialmente.

 

Tras el último incendio, GECEN denunciaba que “alguien ha tomado el relevo” en alusión de la persona o personas que provocaron el fuego en el Prat, e instaba a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado a localizar  y detener a los responsables.

 

El Ayuntamiento de Torreblanca, a través de la concejalía de Medio Ambiente que dirige Carlos García (Compromís), salió al paso de las declaraciones de GECEN, lamentando las acusaciones vertidas por la asociación ecologista y desvinculando los incendios provocados de las quemas controladas que se han realizado en el pasado.

 

El manejo de la vegetación, la gestión y la necesidad de realizar “limpiezas” en el ámbito del Parque Natural del Prat es una larga historia llena de desencuentros. La idea de que es necesario “limpiar” de vegetación indeseada la superficie del parque para facilitar actividades como la caza, prevalece en el consciente colectivo como una forma de prevenir incendios y plagas, favoreciendo la regeneración natural de la flora. Pero este concepto choca frontalmente con los métodos de gestión modernos, mediante elementos mecánicos o con el establecimiento de parcelas en las que crear hábitats diferentes que favorezcan una mayor biodiversidad, una suerte de tablero ajedrezado en el que en cada casilla se priorice el crecimiento de determinadas especies vegetales, que a su vez atraigan a distintas especies de fauna.

 

La problemática del Parque Natural del Prat de Cabanes-Torreblanca no es tanto la gestión, sino la falta de ella. Los vecinos de ambos municipios se encontraron con la declaración de sus tierras como Paraje Natural primero y Parque Natural después por parte de la Generalitat, lo que devino en una larga lista de obligaciones y pocos derechos. A día de hoy, el parque celebra este 2018 sus 30 años de vida, son muy pocas las actividades que se pueden llevar a cabo en el parque –incluso las vinculadas con la divulgación y el turismo medioambiental-, habiéndose eliminado usos tradicionales como la ganadería, permaneciendo sin embargo otros como la caza o la extracción de turba.

 

Precisamente a cuenta del regreso de la ganadería al Prat se pudo ver el enésimo desencuentro con la dirección del parque. Mientras que Torreblanca veía impedida su intención de traer ganado bovino para que pastara en el Parque Natural, Cabanes si que recibía la visita de una ganadería trashumante, para desconcierto del consistorio torreblanquino. En añadidura, ni la Generalitat Valenciana ni la dirección del Parque Natural reconocen a Torreblanca el derecho de contar con un Centro de Visitantes, ni realizan aportación alguna para equipar el edificio Espai Natura. Torreblanca parece haber dejado por imposible la colaboración.

 

Desde la declaración del Paraje Natural del Prat de Cabanes-Torreblanca en 1988 y su posterior reclasificación en 1994 a la categoría de Parque Natural, la pregunta sin respuesta ha sido ¿Qué hacemos con el Prat? Y la queja unánime de todos los implicados, cazadores, ecologistas, agricultores, ganaderos y ayuntamientos ha sido la misma, la aplicación de la máxima del perro del hortelano, ni come, ni deja comer. Durante los 30 años de existencia del Prat, Generalitat ni ha hecho (o ha hecho muy poco), ni ha dejado hacer (o ha dejado hacer muy poco).

 

La última cuestión sale ahora a relucir, ante el enésimo incendio. El Plan de Prevención de Incendios del Parque Natural del Prat, aprobado el 1 de junio de 2006, tenía una vigencia de 10 años, durante los que se debían implementar una serie de medidas de prevención, infraestructuras, información y concienciación, planes de actuación, una larga lista de actuaciones cuya aplicación es más que dudosa, pero que de todas maneras, desde 2016 se encuentran obsoletas. De modo que el Prat no cuenta con un Plan de Prevención de Incendios en vigor, ni fecha para su redacción, aunque ese extremo no ha podido ser confirmado por el momento, ya que la dirección del parque ha declinado amablemente dar declaraciones y el Servicio de Prevención de Incendios Forestales de la Generalitat tampoco ha dado respuesta aún a las preguntas de este medio. Pero tan solo es necesaria una conexión a internet y una rápida búsqueda en la web de la consellería para comprobar que el Parque Natural del Prat de Cabanes-Torreblanca, el Paraje Natural del Desert de Les Palmes y el Parque Natural de la Serra d’Irta publicaron en el año 2006 sus Planes de Prevención de Incendios con una vigencia todos de 10 años, por lo que los tres parques naturales de nuestro entorno están actualmente con planes caducados desde hace dos años.

 

Aquí entraría a debate una cuestión planteada desde los movimientos ecologistas: prioridades. El argumento de las administraciones públicas de la época post crisis es uno y único “no hay dinero”. Eso aplica en educación, sanidad, empleo, y por su puesto en medio ambiente. Por ello se establece priorizar, ejerciendo el presupuesto en partidas importantes en lugar de destinarlas a las puramente estéticas o de imagen, para evitar que los parques naturales salgan ardiendo el día menos pensado.

 

El uso turístico del Prat de Cabanes-Torreblanca no tiene razón de ser si la relación entre los vecinos y el espacio natural no es de respeto y colaboración. Ya no se pueden aplicar métodos de antes, ni se puede pretender que abandonar los caminos es una buena idea –teniendo en cuenta del peligro que después corren los servicios de extinción por caminos impracticables con vehículos pesados- y que el Prat no será nada sin la implicación de todos.

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