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Lunes, 2 de julio de 2018

La soledad: la gran enfermedad social del siglo XXI

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La soledad se ha convertido en uno de los grandes males sociales de nuestra época. Pese a la conectividad existente gracias a la tecnología, las personas se sienten solas y no encuentran a Alguien a quien hablar de forma franca, sin artificios.

 

Es la sensación de estar solo rodeado de gente y posibilidades. Las horas de trabajo, la forma de contacto a través de dispositivos y la forma en la que se expone la vida en las redes sociales buscando mostrar solo una parte feliz que no siempre es real está llevando a muchos a plantearse decisiones drásticas a edades cada vez más tempranas.

 

La juventud está cada vez más dependiente de los móviles y pendiente de mostrar el lado amable de su vida en las plataformas, sin embargo, nadie parece relacionar este estado constante de escaparate con el hecho de una de cada siete chicas había consumido hipnosedantes en el último año según ha publicado el Ministerio de Sanidad tras realizar un estudio entre 35000 jóvenes.

 

La depresión, la soledad y la falta de empatía están causando estragos ya en muchos países, donde el índice de consultas a psicólogos y psiquiatras se ha incrementado de manera considerable, pero sobre todo, han bajado también la edad de los pacientes.

 

Pensar que ir a un psicólogo o psiquiatra es algo a esconder es un gran error. Ellos son ese alguien a quien hablar de los sentimientos, frustraciones, miedos y angustias para que, gracias a sus conocimientos y herramientas, puedan ayudar a canalizar y plantear herramientas para superarlo.

 

La falta de comunicación parental, una carencia que se da en mayor medida en la adolescencia con los cambios que se experimentan, se ha incrementado también por culpa del ritmo de vida y trabajo actual, donde los padres apenas tienen tiempo de pararse a entender a sus hijos en el poco tiempo que comparten.

 

Pero además, los riesgos a los que se enfrentan a través de las pantallas de sus dispositivos móviles son increíbles. La generación más conectada es la que más peligra, tanto como hasta el punto de buscar información e incluso autodiagnosticarse de depresión, ansiedad o fobias.

 

 

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